Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 253
también quería ver a Susi, a usted y… al señor Grey.
—¿Quieres ver a Christian? —Noto que mi estómago se precipita al vacío en caída libre. Por eso está aquí.
—Sí. Y quería preguntarle si le parece bien.
Oh, Dios mío… Me la quedo mirando con la boca abierta. Tengo ganas de decirle que no me parece bien,
que no la quiero cerca de mi marido. Pero ¿por qué ha venido? ¿Para evaluar a la competencia? ¿Para
alterarme? ¿O es que necesita algún tipo de cierre?
—Leila —digo con dificultad, irritada—. Eso no es asunto mío, sino de Christian. Tendrás que
preguntárselo a él. Él no necesita mi permiso. Es un hombre adulto… la mayor parte del tiempo.
Me mira durante un segundo como si estuviera sorprendida por mi reacción y después se ríe bajito, todavía
jugando nerviosamente con las puntas de su pelo.
—Él se ha negado repetidamente a verme todas las veces que se lo he pedido —me dice casi en un susurro.
Oh, mierda. Tengo más problemas de los que creía.
—¿Y por qué es tan importante para ti verle? —le pregunto con suavidad.
—Para darle las gracias. Me estaría pudriendo en esa inmunda institución psiquiátrica que no era más que
una prisión si no fuera por él. —Se queda mirando uno de sus dedos, que está pasando por el borde de la
mesa—. Tuve un episodio psicótico grave, y sin el señor Grey y sin John… el doctor Flynn, quiero decir…
—Se encoge de hombros y me mira de nuevo con una expresión llena de gratitud.
Estoy otra vez sin habla. ¿Qué espera que diga? Tendría que estar diciéndole estas cosas a Christian, no a
mí.
—Y por el curso de arte. Nunca podré agradecerle suficiente eso.
¡Lo sabía! Christian está pagando sus clases. Mi rostro sigue sin revelar nada mientras analizo vacilante mis
sentimientos por esa mujer que acaba de confirmar mis sospechas sobre la generosidad de Christian. Para mi
sorpresa, no le guardo ningún rencor a ella. Es una revelación y me alegro de que esté mejor. Con suerte, así
podrá seguir adelante con su vida y nosotros con la nuestra.
—¿No estás perdiendo clases por venir aquí? —le pregunto con genuino interés.
—Solo voy a perder dos. Mañana vuelvo a casa.
Ah, bien.
—¿Y cuáles son tus planes?
—Quiero recoger mis cosas de casa de Susi, volver a Hamden y seguir pintando y aprendiendo. El señor
Grey ya ha adquirido un par de mis cuadros.
¡Maldita sea! El estómago se me vuelve a caer a los pies. ¿No estarán colgados en mi salón? Se me ponen
los pelos de punta solo de pensarlo.
—¿Qué tipo de pintura practicas?
—Sobre todo abstracta.
—Ya veo.
Reviso mentalmente los cuadros del salón, que ahora ya conozco bien. Dos de ellos pueden haber sido
pintados por una de las ex sumisas de mi marido… Sí, es posible.
—¿Puedo hablarle con franqueza? —me pregunta totalmente ajena a mis emociones encontradas.
—Por supuesto —le respondo mirando a Prescott, que parece haberse relajado un poco.