Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 242
Christian se está lavando los dientes cuando yo me meto en la cama. Mañana volvemos a la realidad: al
trabajo, a los paparazzi y a Jack en la cárcel, pero con la posibilidad de que tuviera un cómplice. Mmm…
Christian ha sido muy vago sobre ese tema. ¿Sabrá algo? Y si lo sabe, ¿me lo dirá? Suspiro. Sacarle
información a Christian es peor que sacarle una muela, y hemos pasado un fin de semana tan bueno…
¿Quiero arruinar este momento de bienestar total intentando arrancarle algo de información?
Ha sido una revelación verle fuera de su ambiente normal, fuera del ático, relajado y feliz con su familia.
Me pregunto vagamente si se deberá a que estamos en este piso, con todos esos recuerdos y asociaciones que
le vienen a la cabeza. Tal vez deberíamos mudarnos.
Me río entre dientes. Ya nos vamos a mudar. Estamos reformando una casa enorme en la costa. Los planos
de Gia ya están terminados y aprobados y el equipo de Elliot empieza la reforma la semana que viene. Ahogo
una risita al recordar la expresión sorprendida de Gia cuando le he dicho que la vi en Aspen. Por lo que
parece no fue más que una coincidencia. Ella se fue a su casa de vacaciones para poder trabajar
tranquilamente en nuestros planos. Durante un horrible momento creí que había ayudado a Elliot a escoger el
anillo, pero aparentemente no. Aunque yo no me fío de Gia. Quiero que Elliot me cuente su versión. Al
menos esta vez ha mantenido las distancias con Christian.
Miro el cielo nocturno. Voy a echar de menos esta vista, esta panorámica: Seattle a nuestros pies, tan lleno
de posibilidades y a la vez tan lejano. Tal vez ese sea al problema de Christian: ha estado demasiado aislado
de la vida real durante demasiado tiempo por culpa de su exilio autoimpuesto. Con su familia alrededor es
menos controlador, sufre menos ansiedad… en definitiva es más libre y más feliz. Me pregunto qué pensará
Flynn de eso. ¡Madre mía! Tal vez esa sea la respuesta. Tal vez lo que necesita es su propia familia. Niego
con la cabeza: somos demasiado jóvenes, todo esto es demasiado nuevo. Christian entra en la habitación con
su habitual apariencia impecable, pero está pensativo.
—¿Todo bien? —le pregunto.
Asiente distraído y viene a la cama.
—No tengo muchas ganas de volver a la realidad —murmuro.
—¿Ah, no?
Niego con la cabeza y le acaricio su delicado rostro.
—Ha sido un fin de semana maravilloso. Gracias.
Sonríe un poco.
—Tú eres mi realidad, Ana —me susurra y me da un beso.
—¿Lo echas de menos?
—¿El qué? —me pregunta perplejo.
—Azotar con cañas y… esas cosas, ya sabes —le digo en un susurro, avergonzada.
Se me queda mirando con ojos inescrutables. Entonces una duda cruza su cara y aparece su expresión de:
«¿Adónde quiere llegar 6