Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 121
Mi día de mierda se está poniendo peor por momentos. Miro a Christian con el ceño fruncido.
—Esta discusión no ha acabado —le advierto.
—¿Qué más tenemos que discutir?
—Podrías vender la empresa.
Christian ríe incrédulo.
—¿Venderla?
—Sí.
—¿Crees que encontraría un comprador en el mercado actual?
—¿Cuánto te costó?
—Fue relativamente barata. —Suena a la defensiva.
—¿Y si se hunde?
Sonríe irónico.
—Sobreviviremos. Pero no dejaré que se hunda. No mientras tú trabajes allí.
—¿Y si lo dejo?
—¿Para hacer qué?
—No lo sé. Otra cosa.
—Me has dicho que este es el trabajo de tus sueños. Y corrígeme si me equivoco, pero he prometido ante
Dios, el reverendo Walsh y una reunión de tus más allegados y queridos que animaré tus esperanzas y tus
sueños y procuraré que estés segura a mi lado.
—Citar tus votos matrimoniales es juego sucio.
—Nunca te prometí juego limpio en lo que a ti respecta. Además —añade—, tú has utilizado tus votos
como arma en algún momento.
Frunzo el ceño. Es cierto.
—Anastasia, si sigues enfadada conmigo, házmelo pagar luego en la cama. —Su voz es de repente baja y
está llena de una necesidad sensual. Su mirada arde.
¿Qué? ¿En la cama? ¿Cómo?
Sonríe indulgente al ver mi expresión. ¿Quizá pretende que yo le ate? Oh, madre mía…
—Mil veces peor que el domingo —me susurra—. Lo estoy deseando.
¡Uau!
—¡Gail! —grita de repente y en cuatro segundos aparece la señora Jones. ¿Dónde estaba? ¿En la oficina
de Taylor? ¿Escuchando? Oh, no.
—¿Señor Grey?
—Queremos cenar ahora, por favor.
—Muy bien, señor.
Christian no aparta los ojos de mí. Me está observando vigilante, como si estuviera a punto de surgir alguna
criatura exótica de mi cabeza. Le doy otro sorbo al vino.
—Creo que me voy a tomar una copa contigo —me dice, suspira y vuelve a pasarse una mano por el pelo.
—¿No te lo vas a acabar?