Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 119
—Oye… —me dice en voz baja y me coge la mano.
Toda la tarde, que debía haber pasado concentrada en mi trabajo, he estado pensando qué le iba a decir.
Pero con cada hora que pasaba me he ido enfadando cada vez más. Ya estoy harta de este comportamiento
displicente, arrogante y muy infantil, la verdad. Aparto mi mano de la suya de una forma displicente,
arrogante y muy infantil.
—¿Estás enfadada conmigo? —me pregunta.
—Sí —le respondo con los dientes apretados. Cruzo los brazos y miro por la ventana. Se revuelve en el
asiento de nuevo, pero no me permito mirarle. No sé por qué estoy tan enfadada con él, pero lo estoy. Muy
enfadada.
En cuanto aparcamos delante del Escala, rompo el protocolo: salto del coche con mi maletín y me
encamino al edificio pisando fuerte sin comprobar si alguien me sigue. Ryan entra corriendo detrás de mí en
el vestíbulo y se adelanta para llamar al ascensor antes de que yo llegue.
—¿Qué? —le digo cuando le alcanzo.
Él se sonroja.
—Mis disculpas, señora —murmura.
Llega Christian y se queda de pie a mi lado esperando al ascensor. Ryan se aparta.
—¿Así que no solo estás enfadada conmigo? —pregunta Christian. Le miro y noto un principio de sonrisa
en su cara.
—¿Te estás riendo de mí? —digo entornando los ojos.
—No me atrevería —responde levantando las manos como si le estuviera amenazando con un arma. Sigue
con su traje azul marino y parece fresco y limpio con el pelo caído de forma muy sexy y una expresión
cándida.
—Tienes que cortarte el pelo —le digo. Le doy la espalda y entro en el ascensor.
—¿Ah, sí? —Se aparta un mechón de la frente y entra detrás de mí.
—Sí. —Pulso el código de nuestro piso en la consola.
—Veo que ahora me hablas…
—Lo justo.
—¿Y por qué estás enfadada exactamente? Necesito alguna pista —dice con precaución.
Me giro y le miro con la boca abierta.
—¿De verdad no tienes ni idea? Seguro que alguien tan inteligente como tú debe de tener algún indicio.
No me puedo creer que seas tan obtuso.
Da un paso atrás alarmado.
—Estás muy enfadada, ya veo. Pensé que lo habíamos aclarado cuando estuve en tu despacho —me dice
perplejo.
—Christian, solo he capitulado ante tus demandas presuntuosas. Eso es todo lo que ha pasado.
Se abren las puertas del ascensor y salgo como una tromba. Taylor está de pie en el pasillo. Se aparta
rápidamente y cierra la boca cuando paso a su lado echando humo.
—Hola, Taylor —le saludo.
—Hola, señora Grey.