Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 102
beso—. Esa es una de las cosas que me encantan de ti. Pero guárdate esa mano demasiado larga. Has dicho
que tenías hambre…
Me dedica su sonrisa tímida y se me encoge el corazón.
—Oh, señora Grey, ¿qué voy a hacer con usted?
—Me vas a contestar a la pregunta. ¿Qué quieres comer?
—Algo ligero. Sorpréndame, señora Grey —me dice utilizando las mismas palabras que yo utilicé antes en
el cuarto de juegos.
—Veré qué puedo hacer. —Salgo pavoneándome del estudio y me dirijo a la cocina. Se me cae el alma a
los pies cuando me encuentro allí a la señora Jones.
—Hola, señora Jones.
—Hola, señora Grey. ¿Les apetece algo de comer?
—Mmm…
Está revolviendo algo en una cazuela sobre el fuego que huele deliciosamente.
—Iba a hacer unos bocadillos para el señor Grey y para mí.
Se queda parada durante un segundo.
—Claro —dice—. Al señor Grey le gusta el pan de barra… Creo que hay un poco en el congelador ya
cortado con el tamaño de bocadillo. Yo puedo hacerles los bocadillos, señora.
—Lo sé. Pero me gustaría hacerlos yo.
—Claro, lo entiendo. Le dejaré un poco de espacio.
—¿Qué está cocinando?
—Es salsa boloñesa. Se puede comer en cualquier otro momento. La congelaré. —Me sonríe amablemente
y apaga el fuego.
—Mmm… ¿Y qué le gusta a Christian… en el bocadillo? —Frunzo el ceño cohibida por la frase. ¿Se
habrá dado cuenta la señora Jones de lo que implicaba?
—Señora Grey, en un bocadillo puede meterle cualquier cosa. Si está dentro de pan de barra, él se lo
comerá. —Las dos sonreímos.
—Vale, gracias. —Busco en el congelador y encuentro el pan cortado en una bolsa de congelar. Coloco
dos trozos en un plato y los meto en el microondas para descongelarlos.
La señora Jones ha desaparecido. Frunzo el ceño y vuelvo al frigorífico para buscar algo que meter dentro
del pan. Supongo que es cosa mía establecer los parámetros de reparto del trabajo entre la señora Jones y yo.
Me gusta la idea de cocinar para Christian los fines de semana, pero la señora Jones puede hacerlo durante la
semana. Lo último que me va a apetecer cuando vuelva de trabajar va a ser cocinar. Mmm… Una rutina
similar a la de Christian con sus sumisas. Niego con la cabeza. No debo pensar mucho en eso. Encuentro un
poco de jamón y un aguacate bien maduro.
Cuando le estoy añadiendo sal y limón al aguacate machacado, Christian sale de su estudio con los planos
de la casa nueva en las manos. Los coloca sobre la barra para el desayuno, se acerca a mí, me abraza y me
besa en el cuello.
—Descalza y en la cocina —susurra.
—¿No debería ser descalza, embarazada y en la cocina? —digo burlonamente.