La leyenda del picaflor
Cuentan que una vez en Corrientes un cazador llamado Eduardo fue a pleno
bosque a ver qué tenía de nuevo para cazar. Al llegar al bosque se encontró
con la doña, su vecina, y le preguntó:
―¿Qué haces en el bosque, doña Eliana?
Y ella le contestó:
―Salí a tomar aire y buscar algo que se me perdió.
El cazador no quiso preguntar qué se le perdió. Entonces siguió su rumbo en
busca de qué cazar.
Al llegar al sitio donde cazar, se encontró con un picaflor, pero no era
cualquier picaflor. Tenía algo en especial, así que el cazador quiso tratar de
atraparlo porque no era época de que un picaflor apareciera en un bosque de
Corrientes en pleno otoño, así que con cuidado fue a agarrarlo con una red.
Él no llego a cazarlo porque se le escapó y se fue. Enojado, empezó a
buscarlo, pero nunca lo encontró. Furioso, se fue a su cabaña, y por ahí estaba
sentada la doña Eliana hablando sola. Él nunca entendió qué tenía doña Eliana
que hablaba sola y andaba sola por los bosques de Corrientes.
Una noche Roberto, el cazador, escuchó ruidos afuera de su cabaña. Cuando
salió por la ventana que tenía, se encontró con aquel picaflor del bosque, pero
no estaba solo, estaba doña Eliana sentada hablando con el picaflor.
Roberto no entendía por qué doña Eliana hablaba con el picaflor; se fue
acercando y el picaflor vio cómo Roberto se acercaba a doña Eliana. Ella
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