Libro: Estado, pensamiento crítico y políticas públicas LIBRO IIESES 2018 | Page 314

314 y el gobierno sólo son entes administradores de lo público y sirvientes de todos. La reflexión nos lleva a que el derecho a la información y la fiscalización deben ser vistos como parte fundamental del derecho ciudadano a la participación política, la cual se funda en la capacidad de organización. En una sociedad democrática es elemental que los ciudadanos conozcan lo que hace su gobierno, y para ello se necesita del acceso abierto a la información pública sin restricción; y a la par que se puedan evaluar las acciones de su gobierno y poder emitir un juicio razonado y, en su caso, ir hasta la desobediencia civil en casos de: ineptitud, corrupción e impunidad. El postulado básico de la rendición de cuentas radica en que los ciudadanos de a pie cuenten con el acceso información pública acerca del funcionamiento del gobierno. Los reales mecanismos de transparencia y acceso a la información permiten elevar la calidad del debate público, al mismo tiempo incentivan a la ciudadanía a participar en el ámbito político. Un problema fundamental es el debilitamiento de las instituciones, que se traduce en corrupción e impunidad. El endeble marco institucional deriva en rapiña voraz, simulación y enquistamiento de la ineptocracia, cuestiones que se padecen en todo el ámbito público. Es menester que frente a los actos violatorios de la ley y la justica social por parte de los gobernantes, se apliquen sanciones y castigos, para que se rompa con el círculo vicioso corrupción-impunidad; hay que desarrollar la capacidad de hacer cumplir el estado de derecho. Así, los problemas políticos, de educación, económicos y de salud están permeados por el estado de malestar que se desprende del binomio corrupción-impunidad y que a todos nos afecta y lacera. De esta forma, la transparencia, por si sola, no es un incentivo suficiente para reducir la corrupción si no viene acompañada de un adecuado sistema de rendición de cuentas, entendida esta no sólo como la obligación de informar, explicar y justificar las decisiones en el ámbito público, sino sobre todo como la capacidad de sancionar los actos dolosos o ineptos del servidor público en turno. En efecto, de nada sirve saber que aquí o allá se cometió corrupción si éste queda impune, volviéndose la rendición de cuentas un mero acto formal y publicitario. Empero, si se presenta la no incorporación de la visión ciudadana y la ausencia del consentimiento activo del ciudadano en las políticas públicas,