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II Crónicas
6. 18–31
Israel, cúmplase tu palabra que dijiste a tu siervo David. Mas
¿es verdad que Dios habitará con el hombre en la tierra? He
aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener;
¿cuánto menos esta casa que he edificado? Mas tú mirarás
a la oración de tu siervo, y a su ruego, oh Jehová Dios mío,
para oír el clamor y la oración con que tu siervo ora delante
de ti. Que tus ojos estén abiertos sobre esta casa de día y de
noche, sobre el lugar del cual dijiste: Mi nombre estará allí; que
oigas la oración con que tu siervo ora en este lugar. Asimismo
que oigas el ruego de tu siervo, y de tu pueblo Israel, cuando
en este lugar hicieren oración, que tú oirás desde los cielos,
desde el lugar de tu morada; que oigas y perdones. Si alguno
pecare contra su prójimo, y se le exigiere juramento, y viniere
a jurar ante tu altar en esta casa, tú oirás desde los cielos,
y actuarás, y juzgarás a tus siervos, dando la paga al impío,
haciendo recaer su proceder sobre su cabeza, y justificando al
justo al darle conforme a su justicia. Si tu pueblo Israel fuere
derrotado delante del enemigo por haber prevaricado contra ti,
y se convirtiere, y confesare tu nombre, y rogare delante de ti
en esta casa, tú oirás desde los cielos, y perdonarás el pecado
de tu pueblo Israel, y les harás volver a la tierra que diste a ellos
y a sus padres. Si los cielos se cerraren y no hubiere lluvias,
por haber pecado contra ti, si oraren a ti hacia este lugar, y
confesaren tu nombre, y se convirtieren de sus pecados, cuando
los afligieres, tú los oirás en los cielos, y perdonarás el pecado
de tus siervos y de tu pueblo Israel, y les enseñarás el buen
camino para que anden en él, y darás lluvia sobre tu tierra,
que diste por heredad a tu pueblo. Si hubiere hambre en la
tierra, o si hubiere pestilencia, si hubiere tizoncillo o añublo,
langosta o pulgón; o si los sitiaren sus enemigos en la tierra en
donde moren; cualquiera plaga o enfermedad que sea; toda
oración y todo ruego que hiciere cualquier hombre, o todo tu
pueblo Israel, cualquiera que conociere su llaga y su dolor en
su corazón, si extendiere sus manos hacia esta casa, tú oirás
desde los cielos, desde el lugar de tu morada, y perdonarás, y
darás a cada uno conforme a sus caminos, habiendo conocido
su corazón; porque sólo tú conoces el corazón de los hijos de los
hombres; para que te teman y anden en tus caminos, todos
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