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I Crónicas
17. 10–27
hijos de iniquidad lo consumirán más, como antes, y desde el
tiempo que puse los jueces sobre mi pueblo Israel; mas humi-
llaré a todos tus enemigos. Te hago saber, además, que Jehová
te edificará casa. Y cuando tus días sean cumplidos para irte
con tus padres, levantaré descendencia después de ti, a uno de
entre tus hijos, y afirmaré su reino. Él me edificará casa, y yo
confirmaré su trono eternamente. Yo le seré por padre, y él
me será por hijo; y no quitaré de él mi misericordia, como la
quité de aquel que fue antes de ti; sino que lo confirmaré en
mi casa y en mi reino eternamente, y su trono será firme para
siempre. Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda
esta visión, así habló Natán a David. Y entró el rey David y
estuvo delante de Jehová, y dijo: Jehová Dios, ¿quién soy yo, y
cuál es mi casa, para que me hayas traído hasta este lugar? Y
aun esto, oh Dios, te ha parecido poco, pues que has hablado
de la casa de tu siervo para tiempo más lejano, y me has mi-
rado como a un hombre excelente, oh Jehová Dios. ¿Qué más
puede añadir David pidiendo de ti para glorificar a tu siervo?
Mas tú conoces a tu siervo. Oh Jehová, por amor de tu siervo
y según tu corazón, has hecho toda esta grandeza, para hacer
notorias todas tus grandezas. Jehová, no hay semejante a ti,
ni hay Dios sino tú, según todas las cosas que hemos oído con
nuestros oídos. ¿Y qué pueblo hay en la tierra como tu pueblo
Israel, cuyo Dios fuese y se redimiese un pueblo, para hacerte
nombre con grandezas y maravillas, echando a las naciones de
delante de tu pueblo, que tú rescataste de Egipto? Tú has
constituido a tu pueblo Israel por pueblo tuyo para siempre; y
tú, Jehová, has venido a ser su Dios. Ahora pues, Jehová, la
palabra que has hablado acerca de tu siervo y de su casa, sea
firme para siempre, y haz como has dicho. Permanezca, pues,
y sea engrandecido tu nombre para siempre, a fin de que se
diga: Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, es Dios para Israel.
Y sea la casa de tu siervo David firme delante de ti. Porque
tú, Dios mío, revelaste al oído a tu siervo que le has de edificar
casa; por eso ha hallado tu siervo motivo para orar delante
de ti. Ahora pues, Jehová, tú eres el Dios que has hablado
de tu siervo este bien; y ahora has querido bendecir la casa
de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de
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