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II Reyes
18. 7–21
prescribió a Moisés. Y Jehová estaba con él; y adondequiera
que salía, prosperaba. Él se rebeló contra el rey de Asiria, y no
le sirvió. Hirió también a los filisteos hasta Gaza y sus fronte-
ras, desde las torres de las atalayas hasta la ciudad fortificada.
En el cuarto año del rey Ezequías, que era el año séptimo de
Oseas hijo de Ela, rey de Israel, subió Salmanasar rey de los
asirios contra Samaria, y la sitió, y la tomaron al cabo de tres
años. En el año sexto de Ezequías, el cual era el año noveno de
Oseas rey de Israel, fue tomada Samaria. Y el rey de Asiria
llevó cautivo a Israel a Asiria, y los puso en Halah, en Habor
junto al río Gozán, y en las ciudades de los medos; por cuanto
no habían atendido a la voz de Jehová su Dios, sino que habían
quebrantado su pacto; y todas las cosas que Moisés siervo de
Jehová había mandado, no las habían escuchado, ni puesto por
obra. A los catorce años del rey Ezequías, subió Senaquerib
rey de Asiria contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y
las tomó. Entonces Ezequías rey de Judá envió a decir al rey
de Asiria que estaba en Laquis: Yo he pecado; apártate de mí,
y haré todo lo que me impongas. Y el rey de Asiria impuso a
Ezequías rey de Judá trescientos talentos de plata, y treinta
talentos de oro. Dio, por tanto, Ezequías toda la plata que
fue hallada en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa
real. Entonces Ezequías quitó el oro de las puertas del templo
de Jehová y de los quiciales que el mismo rey Ezequías había
cubierto de oro, y lo dio al rey de Asiria. Después el rey de
Asiria envió contra el rey Ezequías al Tartán, al Rabsaris y al
Rabsaces, con un gran ejército, desde Laquis contra Jerusalén,
y subieron y vinieron a Jerusalén. Y habiendo subido, vinie-
ron y acamparon junto al acueducto del estanque de arriba, en
el camino de la heredad del Lavador. Llamaron luego al rey,
y salió a ellos Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna
escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller. Y les dijo el Rabsaces:
Decid ahora a Ezequías: Así dice el gran rey de Asiria: ¿Qué
confianza es ésta en que te apoyas? Dices (pero son palabras
vacías): Consejo tengo y fuerzas para la guerra. Mas ¿en qué
confías, que te has rebelado contra mí? He aquí que confías
en este báculo de caña cascada, en Egipto, en el cual si alguno
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