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II Reyes
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se levantó y destruyó toda la descendencia real. Pero Josaba
hija del rey Joram, hermana de Ocozías, tomó a Joás hijo de
Ocozías y lo sacó furtivamente de entre los hijos del rey a quie-
nes estaban matando, y lo ocultó de Atalía, a él y a su ama, en
la cámara de dormir, y en esta forma no lo mataron. Y estuvo
con ella escondido en la casa de Jehová seis años; y Atalía fue
reina sobre el país. Mas al séptimo año envió Joiada y tomó
jefes de centenas, capitanes, y gente de la guardia, y los metió
consigo en la casa de Jehová, e hizo con ellos alianza, juramen-
tándolos en la casa de Jehová; y les mostró el hijo del rey. Y
les mandó diciendo: Esto es lo que habéis de hacer: la tercera
parte de vosotros tendrá la guardia de la casa del rey el día
de reposo. Otra tercera parte estará a la puerta de Shur, y
la otra tercera parte a la puerta del postigo de la guardia; así
guardaréis la casa, para que no sea allanada. Mas las dos par-
tes de vosotros que salen el día de reposo tendréis la guardia
de la casa de Jehová junto al rey. Y estaréis alrededor del rey
por todos lados, teniendo cada uno sus armas en las manos; y
cualquiera que entrare en las filas, sea muerto. Y estaréis con el
rey cuando salga, y cuando entre. Los jefes de centenas, pues,
hicieron todo como el sacerdote Joiada les mandó; y tomando
cada uno a los suyos, esto es, los que entraban el día de reposo
y los que salían el día de reposo, vinieron al sacerdote Joiada.
Y el sacerdote dio a los jefes de centenas las lanzas y los escu-
dos que habían sido del rey David, que estaban en la casa de
Jehová. Y los de la guardia se pusieron en fila, teniendo cada
uno sus armas en sus manos, desde el lado derecho de la casa
hasta el lado izquierdo, junto al altar y el templo, en derredor
del rey. Sacando luego Joiada al hijo del rey, le puso la co-
rona y el testimonio, y le hicieron rey ungiéndole; y batiendo
las manos dijeron: ¡Viva el rey! Oyendo Atalía el estruendo
del pueblo que corría, entró al pueblo en el templo de Jehová.
Y cuando miró, he aquí que el rey estaba junto a la colum-
na, conforme a la costumbre, y los príncipes y los trompeteros
junto al rey; y todo el pueblo del país se regocijaba, y tocaban
las trompetas. Entonces Atalía, rasgando sus vestidos, clamó
a voz en cuello: ¡Traición, traición! Mas el sacerdote Joiada
mandó a los jefes de centenas que gobernaban el ejército, y