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II Reyes
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¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva luna, ni día de reposo.
Y ella respondió: Paz. Después hizo enalbardar el asna, y dijo
al criado: Guía y anda; y no me hagas detener en el camino,
sino cuando yo te lo dijere. Partió, pues, y vino al varón de
Dios, al monte Carmelo. Y cuando el varón de Dios la vio de
lejos, dijo a su criado Giezi: He aquí la sunamita. Te ruego
que vayas ahora corriendo a recibirla, y le digas: ¿Te va bien
a ti? ¿Le va bien a tu marido, y a tu hijo? Y ella dijo: Bien.
Luego que llegó a donde estaba el varón de Dios en el monte,
se asió de sus pies. Y se acercó Giezi para quitarla; pero el va-
rón de Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en amargura,
y Jehová me ha encubierto el motivo, y no me lo ha revelado.
Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que no te
burlases de mí? Entonces dijo él a Giezi: Ciñe tus lomos, y
toma mi báculo en tu mano, y ve; si alguno te encontrare, no
lo saludes, y si alguno te saludare, no le respondas; y pondrás
mi báculo sobre el rostro del niño. Y dijo la madre del niño:
Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Él entonces se
levantó y la siguió. Y Giezi había ido delante de ellos, y había
puesto el báculo sobre el rostro del niño; pero no tenía voz ni
sentido, y así se había vuelto para encontrar a Eliseo, y se lo
declaró, diciendo: El niño no despierta. Y venido Eliseo a la
casa, he aquí que el niño estaba muerto tendido sobre su ca-
ma. Entrando él entonces, cerró la puerta tras ambos, y oró
a Jehová. Después subió y se tendió sobre el niño, poniendo
su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus
manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y el cuer-
po del niño entró en calor. Volviéndose luego, se paseó por la
casa a una y otra parte, y después subió, y se tendió sobre él
nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos.
Entonces llamó él a Giezi, y le dijo: Llama a esta sunamita. Y
él la llamó. Y entrando ella, él le dijo: Toma tu hijo. Y así que
ella entró, se echó a sus pies, y se inclinó a tierra; y después to-
mó a su hijo, y salió. Eliseo volvió a Gilgal cuando había una
grande hambre en la tierra. Y los hijos de los profetas estaban
con él, por lo que dijo a su criado: Pon una olla grande, y haz
potaje para los hijos de los profetas. Y salió uno al campo