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II Reyes
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Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras
que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo:
Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí.
Él le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere
quitado de ti, te será hecho así; mas si no, no. Y aconteció
que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con ca-
ballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un
torbellino. Viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío,
carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio; y
tomando sus vestidos, los rompió en dos partes. Alzó luego
el manto de Elías que se le había caído, y volvió, y se paró a
la orilla del Jordán. Y tomando el manto de Elías que se le
había caído, golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el
Dios de Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo las
aguas, se apartaron a uno y a otro lado, y pasó Eliseo. Vién-
dole los hijos de los profetas que estaban en Jericó al otro lado,
dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y vinieron a
recibirle, y se postraron delante de él. Y dijeron: He aquí hay
con tus siervos cincuenta varones fuertes; vayan ahora y bus-
quen a tu señor; quizá lo ha levantado el Espíritu de Jehová, y
lo ha echado en algún monte o en algún valle. Y él les dijo: No
enviéis. Mas ellos le importunaron, hasta que avergonzándose
dijo: Enviad. Entonces ellos enviaron cincuenta hombres, los
cuales lo buscaron tres días, mas no lo hallaron. Y cuando
volvieron a Eliseo, que se había quedado en Jericó, él les dijo:
¿No os dije yo que no fueseis? Y los hombres de la ciudad
dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar en donde está colocada esta
ciudad es bueno, como mi señor ve; mas las aguas son malas,
y la tierra es estéril. Entonces él dijo: Traedme una vasija
nueva, y poned en ella sal. Y se la trajeron. Y saliendo él a
los manantiales de las aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así ha
dicho Jehová: Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas
muerte ni enfermedad. Y fueron sanas las aguas hasta hoy,
conforme a la palabra que habló Eliseo. Después subió de allí
a Bet-el; y subiendo por el camino, salieron unos muchachos de
la ciudad, y se burlaban de él, diciendo: ¡Calvo, sube! ¡calvo,
sube! Y mirando él atrás, los vio, y los maldijo en el nom-
bre de Jehová. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron