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I Reyes
22. 16–32
contra Ramot de Galaad, o la dejaremos? Él le respondió:
Sube, y serás prosperado, y Jehová la entregará en mano del
rey. Y el rey le dijo: ¿Hasta cuántas veces he de exigirte que
no me digas sino la verdad en el nombre de Jehová? Entonces
él dijo: Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como
ovejas que no tienen pastor; y Jehová dijo: Éstos no tienen
señor; vuélvase cada uno a su casa en paz. Y el rey de Israel
dijo a Josafat: ¿No te lo había yo dicho? Ninguna cosa buena
profetizará él acerca de mí, sino solamente el mal. Entonces
él dijo: Oye, pues, palabra de Jehová: Yo vi a Jehová sentado
en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a
su derecha y a su izquierda. Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá
a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno
decía de una manera, y otro decía de otra. Y salió un espíritu
y se puso delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová
le dijo: ¿De qué manera? Él dijo: Yo saldré, y seré espíritu de
mentira en boca de todos sus profetas. Y él dijo: Le inducirás,
y aun lo conseguirás; ve, pues, y hazlo así. Y ahora, he aquí
Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos tus
profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti. Entonces
se acercó Sedequías hijo de Quenaana y golpeó a Micaías en
la mejilla, diciendo: ¿Por dónde se fue de mí el Espíritu de
Jehová para hablarte a ti? Y Micaías respondió: He aquí tú
lo verás en aquel día, cuando te irás metiendo de aposento
en aposento para esconderte. Entonces el rey de Israel dijo:
Toma a Micaías, y llévalo a Amón gobernador de la ciudad,
y a Joás hijo del rey; y dirás: Así ha dicho el rey: Echad
a éste en la cárcel, y mantenedle con pan de angustia y con
agua de aflicción, hasta que yo vuelva en paz. Y dijo Micaías:
Si llegas a volver en paz, Jehová no ha hablado por mí. En
seguida dijo: Oíd, pueblos todos. Subió, pues, el rey de Israel
con Josafat rey de Judá a Ramot de Galaad. Y el rey de Israel
dijo a Josafat: Yo me disfrazaré, y entraré en la batalla; y tú
ponte tus vestidos. Y el rey de Israel se disfrazó, y entró en
la batalla. Mas el rey de Siria había mandado a sus treinta y
dos capitanes de los carros, diciendo: No peleéis ni con grande
ni con chico, sino sólo contra el rey de Israel. Cuando los
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