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II Samuel
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pués que David hubo censado al pueblo, le pesó en su corazón;
y dijo David a Jehová: Yo he pecado gravemente por haber
hecho esto; mas ahora, oh Jehová, te ruego que quites el peca-
do de tu siervo, porque yo he hecho muy neciamente. Y por
la mañana, cuando David se hubo levantado, vino palabra de
Jehová al profeta Gad, vidente de David, diciendo: Ve y di a
David: Así ha dicho Jehová: Tres cosas te ofrezco; tú escogerás
una de ellas, para que yo la haga. Vino, pues, Gad a David, y
se lo hizo saber, y le dijo: ¿Quieres que te vengan siete años de
hambre en tu tierra? ¿o que huyas tres meses delante de tus
enemigos y que ellos te persigan? ¿o que tres días haya peste
en tu tierra? Piensa ahora, y mira qué responderé al que me
ha enviado. Entonces David dijo a Gad: En grande angustia
estoy; caigamos ahora en mano de Jehová, porque sus mise-
ricordias son muchas, mas no caiga yo en manos de hombres.
Y Jehová envió la peste sobre Israel desde la mañana hasta
el tiempo señalado; y murieron del pueblo, desde Dan hasta
Beerseba, setenta mil hombres. Y cuando el ángel extendió su
mano sobre Jerusalén para destruirla, Jehová se arrepintió de
aquel mal, y dijo al ángel que destruía al pueblo: Basta ahora;
detén tu mano. Y el ángel de Jehová estaba junto a la era de
Arauna jebuseo. Y David dijo a Jehová, cuando vio al ángel
que destruía al pueblo: Yo pequé, yo hice la maldad; ¿qué hi-
cieron estas ovejas? Te ruego que tu mano se vuelva contra mí,
y contra la casa de mi padre. Y Gad vino a David aquel día, y
le dijo: Sube, y levanta un altar a Jehová en la era de Arauna
jebuseo. Subió David, conforme al dicho de Gad, según había
mandado Jehová; y Arauna miró, y vio al rey y a sus siervos
que venían hacia él. Saliendo entonces Arauna, se inclinó de-
lante del rey, rostro a tierra. Y Arauna dijo: ¿Por qué viene
mi señor el rey a su siervo? Y David respondió: Para comprar
de ti la era, a fin de edificar un altar a Jehová, para que cese la
mortandad del pueblo. Y Arauna dijo a David: Tome y ofrez-
ca mi señor el rey lo que bien le pareciere; he aquí bueyes para
el holocausto, y los trillos y los yugos de los bueyes para leña.
Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Luego dijo Arauna al
rey: Jehová tu Dios te sea propicio. Y el rey dijo a Arauna:
No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová