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II Samuel
13. 10–26
dijo Amnón: Echad fuera de aquí a todos. Y todos salieron
de allí. Entonces Amnón dijo a Tamar: Trae la comida a la
alcoba, para que yo coma de tu mano. Y tomando Tamar las
hojuelas que había preparado, las llevó a su hermano Amnón a
la alcoba. Y cuando ella se las puso delante para que comiese,
asió de ella, y le dijo: Ven, hermana mía, acuéstate conmigo.
Ella entonces le respondió: No, hermano mío, no me hagas
violencia; porque no se debe hacer así en Israel. No hagas tal
vileza. Porque ¿adónde iría yo con mi deshonra? Y aun tú
serías estimado como uno de los perversos en Israel. Te ruego
pues, ahora, que hables al rey, que él no me negará a ti. Mas
él no la quiso oír, sino que pudiendo más que ella, la forzó, y
se acostó con ella. Luego la aborreció Amnón con tan gran
aborrecimiento, que el odio con que la aborreció fue mayor que
el amor con que la había amado. Y le dijo Amnón: Levántate,
y vete. Y ella le respondió: No hay razón; mayor mal es éste
de arrojarme, que el que me has hecho. Mas él no la quiso oír,
sino que llamando a su criado que le servía, le dijo: Échame
a ésta fuera de aquí, y cierra tras ella la puerta. Y llevaba
ella un vestido de diversos colores, traje que vestían las hijas
vírgenes de los reyes. Su criado, pues, la echó fuera, y cerró la
puerta tras ella. Entonces Tamar tomó ceniza y la esparció
sobre su cabeza, y rasgó la ropa de colores de que estaba ves-
tida, y puesta su mano sobre su cabeza, se fue gritando. Y
le dijo su hermano Absalón: ¿Ha estado contigo tu hermano
Amnón? Pues calla ahora, hermana mía; tu hermano es; no se
angustie tu corazón por esto. Y se quedó Tamar desconsolada
en casa de Absalón su hermano. Y luego que el rey David oyó
todo esto, se enojó mucho. Mas Absalón no habló con Amnón
ni malo ni bueno; aunque Absalón aborrecía a Amnón, porque
había forzado a Tamar su hermana. Aconteció pasados dos
años, que Absalón tenía esquiladores en Baal-hazor, que está
junto a Efraín; y convidó Absalón a todos los hijos del rey.
Y vino Absalón al rey, y dijo: He aquí, tu siervo tiene ahora
esquiladores; yo ruego que venga el rey y sus siervos con tu
siervo. Y respondió el rey a Absalón: No, hijo mío, no vamos
todos, para que no te seamos gravosos. Y aunque porfió con él,
no quiso ir, mas le bendijo. Entonces dijo Absalón: Pues si no,
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