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I Samuel
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diciendo: Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, an-
tes que haya tomado venganza de mis enemigos, sea maldito.
Y todo el pueblo no había probado pan. Y todo el pueblo
llegó a un bosque, donde había miel en la superficie del cam-
po. Entró, pues, el pueblo en el bosque, y he aquí que la miel
corría; pero no hubo quien hiciera llegar su mano a su boca,
porque el pueblo temía el juramento. Pero Jonatán no había
oído cuando su padre había juramentado al pueblo, y alargó la
punta de una vara que traía en su mano, y la mojó en un pa-
nal de miel, y llevó su mano a la boca; y fueron aclarados sus
ojos. Entonces habló uno del pueblo, diciendo: Tu padre ha
hecho jurar solemnemente al pueblo, diciendo: Maldito sea el
hombre que tome hoy alimento. Y el pueblo desfallecía. Res-
pondió Jonatán: Mi padre ha turbado el país. Ved ahora cómo
han sido aclarados mis ojos, por haber gustado un poco de es-
ta miel. ¿Cuánto más si el pueblo hubiera comido libremente
hoy del botín tomado de sus enemigos? ¿No se habría hecho
ahora mayor estrago entre los filisteos? E hirieron aquel día a
los filisteos desde Micmas hasta Ajalón; pero el pueblo estaba
muy cansado. Y se lanzó el pueblo sobre el botín, y tomaron
ovejas y vacas y becerros, y los degollaron en el suelo; y el
pueblo los comió con sangre. Y le dieron aviso a Saúl, dicien-
do: El pueblo peca contra Jehová, comiendo la carne con la
sangre. Y él dijo: Vosotros habéis prevaricado; rodadme ahora
acá una piedra grande. Además dijo Saúl: Esparcíos por el
pueblo, y decidles que me traigan cada uno su vaca, y cada
cual su oveja, y degolladlas aquí, y comed; y no pequéis con-
tra Jehová comiendo la carne con la sangre. Y trajo todo el
pueblo cada cual por su mano su vaca aquella noche, y las
degollaron allí. Y edificó Saúl altar a Jehová; este altar fue
el primero que edificó a Jehová. Y dijo Saúl: Descendamos
de noche contra los filisteos, y los saquearemos hasta la ma-
ñana, y no dejaremos de ellos ninguno. Y ellos dijeron: Haz lo
que bien te pareciere. Dijo luego el sacerdote: Acerquémonos
aquí a Dios. Y Saúl consultó a Dios: ¿Descenderé tras los fi-
listeos? ¿Los entregarás en mano de Israel? Mas Jehová no le
dio respuesta aquel día. Entonces dijo Saúl: Venid acá todos
los principales del pueblo, y sabed y ved en qué ha consistido