En la actualidad, es un hecho palpable que aún se siguen produciendo episodios enmarcados en la violencia machista, lo vemos todos los días en las noticias, en nuestra vida cotidiana, allí donde el abuso del “más fuerte” se hace implacable.
Es evidente que la sufrimos en mayor o menor medida, ¿quién no la ha padecido o presenciado alguna vez, enmascarada en una frase, en algún sentimiento, en algún acto cotidiano, que casi pasa desapercibido?... Unas veces se oculta sutilmente intentando engañarnos, acomodándose y otras estalla con toda su ira.
En efecto, es un síntoma muy peligroso ser permisivos ante situaciones de esta índole. ¿En cuántas ocasiones
¿En cuántas ocasiones hemos oído un comentario machista y lo hemos “ignorado”, con una mueca por sonrisa, o mirando para otro lado, o simplemente moviendo la cabeza de un lado a otro? Tenemos la obligación todos y todas de rechazar públicamente estos comportamientos, aunque no sea fácil, porque no siempre se sale “victoriosa” de esa “arenga”, ya que enseguida, cuando menos, te acusan de “feminista”.
ocasiones hemos oído un comentario machista y lo hemos “ignorado”, con una mueca por sonrisa, o mirando para otro lado, o simplemente moviendo la cabeza de un lado a otro? Tenemos la obligación todos y todas de rechazar públicamente estos comportamientos, aunque no sea fácil, porque no siempre se sale “victoriosa” de esa “arenga”, ya que enseguida, cuando menos, te acusan de “feminista”.
Se puede luchar contra la violencia machista desde todos los “flancos”. Es muy importante la educación en todos y cada unos de los ámbitos, desde que nacemos prácticamente. Por ejemplo, en la escuela, con las clases mixtas, misma educación para niños y niñas, misma atención, misma respuesta, normalidad, igualdad...
En nuestros hogares: juguetes no sexistas, no violentos, reparto de las tareas domésticas igualitario, inculcar mismos valores, mismas aspiraciones, mismas oportunidades, misma libertad…
Los medios de comunicación, sobre todo los públicos, que tienen la obligación y aún podrían realizar una labor ejemplar, haciendo uso correcto del lenguaje, con programas divulgativos, rechazando los de contenido sexista, etc.
Los gobiernos, con presupuestos para ayudas en todo lo necesario, ya sea para prevenir, como para atajar, ofreciendo personal cualificado, humano, y medios precisos para atender a las víctimas.
En definitiva, tenemos que empezar por mirarnos a nosotros mismos y preguntarnos si hacemos lo suficiente. Estoy convencida que merece la pena unirnos hombres y mujeres con un objetivo común, uno muy importante, prioritario: exterminar la violencia de género, en todos sus aspectos, facetas y modalidades, porque la violencia denigra a las personas, las anula y las mata. Debemos estar atentos a ese “ser” que aguarda y que acecha, como una bestia inmunda y sedienta. Manuela Monge Carrasco