LA NOCHE
Siento cómo se sacude el vacío en mi interior,
cómo comienza a sonar aquel frágil corazón,
los recuerdos se empiezan a poner grises y borrosos,
las palabras se pierden en aquella tormenta
de lágrimas y susurros.
Creíamos que el tiempo lo podríamos manejar a nuestro antojo;
lentamente parecía transcurrir sin el sonido del “tic -tac” de los
muchos relojes existentes, pero se nos resbaló de las manos todo
aquello que habíamos creado.
Caminaba por las estrechas calles del pueblo con la mirada hacia
abajo dentro de mis botas color negro-morado, me acompañaba la
luna que, muy amable, me regalaba un poco de su luz. La noche era
fría. Mi abrigo, ese que parece tener una gran gama de colores, me
cobijaba. Por la tarde llovió, el lugar tenía un olor bastante agradable, un aroma a tierra mojada…
Mis pequeñas botas ya estaban batidas de lodo. Yo estaba empapada, no precisamente por causa de la lluvia. Tomé un suspiro tan
amplio que en ese momento todo se tornó en momentos escalofriantes.
Entre la neblina y la oscuridad, algo comenzó a asomarse...
REFLEJO
Tu espalda es tan cálida que no necesito de una manta para sentirme al menos tibia.
No necesito del algodón acolchonado, porque tus manos son tan
suaves que ni llego a sentirlas.
Tus ojos, tan profundos, reflejando un fondo negro…
pone mi alma en calma,
mi cuerpo vacío.
El éxtasis me eleva a otra dimensión,
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