LETRINA LETRINA #4 Noviembre - diciembre 2012 | Page 60

{ } Recomendación “Teatro del Absurdo” El turco (Héctor Moreno) Hablar de un Teatro del Absurdo o Teatro de la Crueldad es hablar inconscientemente de Becket, Artaud, Ionesco y tantos otros que pudiera citar, pero es aquí donde parto para evocar una vertiente emergente y urgente de uno de los dramaturgos que más involucran al espectador, y es la representada por el dramaturgo alemán Peter Weiss, creador de un teatro experimental y lúcido. La producción dramática de Weiss, no obstante su sorprendente originalidad, conecta con una tradición de teatro catártico que remonta a la Grecia preclásica. Los elementos ritualistas y anti-estéticos de su obra (la crueldad, lo grotesco, el sobresalto) funcionan como medios para provocar los efectos purgativos inherentes a la producción teatral. La violencia que caracteriza sus obras recuerda la descripción Nietzscheana de los rituales dionisiacos, pero la vehemencia anarquista que ataca las tradiciones venerables y la estructura social funciona de hecho como agente benefactor. René Girard apunta lo siguiente: “El rito puede ser el resultado de la violencia y estar impregnado de violencia, pero aspira a la paz […] a promover la armonía entre los miembros de la comunidad”. Weiss, dramaturgo por urgencia, adopta el género dramático por su poder de transformación de la sociedad y desata el metateatro, apareciendo así La persecución y asesinato de Jean-Paul Marat representada por el grupo teatral de la casa de salud de Charenton bajo la direción del Marqués de Sade (1963) o simplemente Marat/Sade para la adaptación cinematográfica en 1964 por el realizador inglés Peter Brook. El Marqués monta con los enfermos del sanatorio una obra sobre el asesinato del revolucionario francés Jean-Paul Marat. Parajes lunáticos, argumentos cortantes y catatónicos y fuerzas sobrecogedoras de la razón revientan el hastío hasta la cumbre de lo elegantemente bizarro. El empleo del lenguaje en la película, radicalmente alterado, subraya una visión del mundo fundamental diferente a la mantenida por medio del diálogo coherente y racional. Un Marqués de Sade en un mundo que no es ni coherente ni racional sino todo lo contrario: “Creo que la mayoría de la gente vive en un estado de confusión total, pero donde no hay confusión no hay vida”. El espectador, sentado en el escenario, pasa a ser miembro integral de la colectividad involucrada en el proceso expiatorio de una sociedad que trata desesperadamente de protegerse y prolongarse. El teatro sigue siendo una ceremonia: es un banquete sacrílego y sagrado, erótico y místico, que abarcaría todas las facetas de la vida, incluyendo la muerte, en el que el humor y la poesía, la fascinación y el pánico serían uno.