LETRINA LETRINA #11 Enero - febrero 2014 | Page 62
acercándose en las noches de tormenta
Tantas inundaciones y ni un solo transeúnte con la corbata adormecida
Ah mis manos de relámpago
mis manos que tiemblan
y me dictan cuando voy quedando ciego
Porque los mercados caen
los edificios desmoronan
y uno observa y mira y puede distinguir
que del grito último en que nos hemos anclado
somos la partícula suspendida en el aire
cayendo a través de las ventanas
flotando entre la lluvia
Pienso en los electrones
en el sabor de tu lengua
en la axila blanca blanquísima
de la niña que estuvo conmigo anoche
y al volver el rostro sobre las manecillas del reloj
toda ella y sus pedazos de blancura
cayeron con los edificios
Porque no estamos solos como cada noche
porque todo nos ha reunido en este punto
en la mirada del ojo que siempre precipita
Pienso en el brillo del silencio
que me remonta a la selva
en el brillo que surge cuando abres la boca
Pienso en el hueco del niño que no conoció a su padre
aquel brilloso padre tragado por la niebla
La misma niebla que nos va dejando ciegos
uno frente al otro sin poder pronunciar los apellidos
Adán Echeverría
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