LETRINA LETRINA #11 Enero - febrero 2014 | Page 53

el padre empezaba a decir “estamos reunidos todos aquí, para celebrar 50 años de matrimonio, entre Esteban García Briseño y Celsa López Briseño”. -¿Briseño? ¿Por qué se llaman igual Patmo?- pregunté a mi peluche. -Porque son primos- contestó Patmon mientras se movía, entonces moví mi cabeza al lado y vi a Diane, hablando muy quedito, intentando no abrir los labios. -¿Los primos se pueden casar?- volví a preguntar a Patmon. - Sí- contestó Patmo. Después de la ceremonia, empezaron a poner música, todos tomaron a una pareja, y mi mamá también se puso a bailar. Yo me quedé sentado, no quería hacer ningún berrinche, Patmo pensaba igual que yo, que teníamos que estar quietos, además no nos sentíamos a gusto jugando con otros niños. Los niños jugaban entre ellos, o se ponían a probar el pastel sin que nadie se diera cuenta, metiéndole el dedo a la nata o robándose las fresas, lamiéndolas y regresándolas. Patmon y yo no queríamos eso. Buscábamos a Diane que había desaparecido minutos después de terminar la ceremonia, queríamos hallarla entre esa tormenta de colores y sonidos. Pero no la hallábamos. Nos quedábamos quietos, esperando, siendo buenos niños. Cerré los ojos para dormir, sujeté a Patmo de su garra. Y en lugar de escuchar la música a todo volumen o sentir las luces amarillas, rojas y azules golpeando mi rostro, sentí perfectamente el sonido de los zapatos de cuero golpeando contra la pista de baile. Se movían a ritmo. El ruido que “eso” hacia contra el mosaico, era muy diferente. Yo sólo conocía el sonido del zapato de vestir, pues sólo ese me compraba mi mamá, pero cuando escuche ese ¡scuach! abrí los ojos. Diane estaba enfrente de mí y empezaba a decir: -Esto es cuul- y levantó la pierna derecha, para enseñar su zapato. Estaba hecho de tela color blanca, su suela era de plástico. Lo que me gustó mucho del zapato fue la estrella dibujada en el tobillo - se llaman Converse, y son 53