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La vida era el peor tirano conocido. Cuando la vida le agarra a uno, sobra todo poder
de decisión. En cambio, él todavía estaba en condiciones de decidir, pero como
solamente tenía once años, era su padre quien decidía por él. ¿Por qué, Señor,
por qué el mundo se organizaba tan rematadamente mal?
El quesero, a pesar del estado de ánimo de Daniel, el Mochuelo, se sentía orgulloso de
su decisión y de poder llevar a cabo su decisión. Lo que no podían otros. La víspera
habían recorrido juntos el pueblo, padre e hijo, para despedirse.
—El chico se va mañana a la ciudad. Tiene ya once años y es hora de que empiece el
grado.
Y el quesero se quedaba plantado, mirándole a él, como diciendo: "¿Qué dice el
estudiante?". Pero él miraba al suelo entristecido. No había nada que decir. Bastaba
con obedecer.
Pero en el pueblo todos se mostraban muy cordiales y afectuosos, algunos en exceso,
como si les aligerase no poco el saber que al cabo de unas horas iban a perder de vista
a Daniel, el Mochuelo, para mucho tiempo. Casi todos le daban palmaditas en el
cogote y expresaban, sin rebozo 619 , sus esperanzas y buenos deseos:
—A ver si vuelves hecho un hombre.
—¡Bien, muchacho! Tú llegarás a ministro. Entonces daremos tu nombre a una calle
del pueblo. O a la Plaza. Y tú vendrás a descubrir la lápida y luego comeremos todos
juntos en el Ayuntamiento. ¡Buena borrachera ese día!
Y Paco,
el
herrero,
encarnado despedía un
le
guiñaba
vivo centelleo.
un
ojo
y
su
pelo
La Guindilla mayor fue una de las que más se alegraron con la noticia de la marcha
de Daniel, el Mochuelo.
—Bien te viene que te metan un poco en cintura, hijo. La verdad. Ya sabes que yo no
tengo pelos en la lengua. A ver si en la ciudad te enseñan a respetar a los animales y
a no pasear en cueros 620 por las calles del pueblo. Y a cantar el "Pastora Divina" como
Dios manda. —Hizo una pausa y llamó—:
619
620
Disimulo
Desnudo