LATIZA_2025-26 Curso 2025/2026 edición completa | Seite 34

la Tiza

CREACIÓN

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En este análisis estudiaré el grupo escultórico de los ladrones del misterio de la Hermandad de la Exaltación de Sevilla, obra de Luisa Roldán (La Roldana) vinculada artísticamente al círculo de Pedro Roldán y al ambiente artístico barroco donde trabajó la propia Luisa. El misterio completo es del S. XVII, con lo que ambas obras son plenamente barrocas pues se tallaron entre 1683 y 1684. Luisa Roldán (1652-1706) fue la primera mujer que consiguió ser escultora de cámara, primero de Carlos II y, tras la muerte de éste y la llegada al trono de los Borbones, también del nuevo rey Felipe V. Sus obras presentan una gran calidad técnica y reflejan una humanidad muy característica.

Análisis de una escultura

Las obras que analizo, los ladrones, son esculturas de bulto redondo de cuerpo entero. Están realizados en madera, material duro, mediante la técnica de la talla directa y luego están policromados de modo realista. El acabado es liso, con la textura propia de cada parte del cuerpo como, por ejemplo, el pelo, la piel o, incluso, las telas. Estos son una obra figurativa, naturalista y presentan un aspecto bastante compacto; los brazos son lo que más sobresale pero al tenerlos pegados al cuerpo se podría decir que tienen una forma de aspecto sólido. También se pueden considerar dinámicos, ya que tienen posturas movidas, giradas e incluso en tensión, algo muy característico de este estilo artístico.

Como curiosidad, estas obras representan unos ladrones gemelos, de ahí su parecido, aunque La Roldana logra diferenciarlos a través de la expresión y la postura de cada figura, dando más movimiento y fuerza a la escena. Me ha llamado la atención de esta escultura el realismo y la expresividad que consigue Luisa Roldán y su capacidad para representar el dramatismo propio del Barroco.

No es de extrañar que, en uno de sus interminables viajes, el Principito viniera a nuestro mundo.

Al llegar, cuál casualidad sería que vio una rosa roja escarlata y de brillantes pétalos. Esta

maravilla natural era portada por una mujer, ya anciana y desgastada por el incesante paso de los

años y en cuyos ojos veía un dolor inigualable. Esta señora, paseando a firme paso por un

camino de grava, se dirigía a un edificio de piedra, con techo cubierto y puerta de roble.

Nuestro protagonista acercóse a la demacrada mujer y ella, al reparar en sus coloridos y

elegantes ropajes, le preguntó sobre su procedencia. Tras una breve presentación, ella explicóle que iba a probar un nuevo invento extranjero, un juego fantástico de luz y sombras, ya que le habían prometido los ingeniosos inventores que, gracias a los espectáculos luminosos, olvidaría

la pena que albergaba en su corazón. Unos hombres en sencillas prendas salieron entonces del pequeño edificio, mirando a Penélope, está misteriosa dama, y al chiquillo de extraños ropajes.

Decidieron en ese momento entrar al espectáculo, una versión primitiva de nuestros cinematógrafos. Allí vieron una historia corta sobre un gran rey, el líder de Ítaca y esposo de Penélope. La sombra del majestuoso rey se movía y, de un momento a otro, comenzó a luchar contra guerreros a las puertas de una ciudad.

- “¿Es el, entonces, tu esposo?” -preguntóle el pequeño a Penélope

- “Sí. Nunca volvió. Y lo espero cada día como si fuera el primero. Toma hijo. Toma esta bella

rosa que adorna estos valles. Encuentra a mi marido. Encuéntralo y entrégale esta rosa”.

El Principito, esperanzado, dirigióse a los muelles. Allá, allá lejos, se encontraba Ulises. Más allá

del horizonte. Sonrisa en el rostro tomó un pequeño velero y partió a la mar.

En la asignatura Volumen, de bachillerato de Artes, no todo es modelar. También se aprende a ver las esculturas con cierta profundidad.

Por Víctor García/4º ESO

Por Andrés Páez/1º Bach Artes

La rosa de la esperanza

Microrrelato ganador del Concurso 'Cada oveja con su pareja'