Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Page 172

habitación para robarles uno. Pensé que por uno que les cogiera nadie se daría cuenta, pero enton- ces vimos que entre los preservativos “normales” había uno de fresa y se nos ocurrió que quizás molaría más si usábamos el de sabor. Fuimos unos ingenuos al pensar aquello, pero en aquellos momentos os juro que lo que menos me importaba era que me pillaran mis padres. Visto con perspectiva supongo que aquel primer polvo no fue ni mu- cho menos el mejor y quizás caería en un tópico si dijese que “fue espe- cial”. Lo describiría como un poco cutre, eso sí… Nada que ver con mis relaciones en la actualidad. Seguro que duró menos de lo que ahora me parece, pero podría asegurar que no fue nada fuera de lo convencional con lo que uno se puede encontrar en su primera vez. Fue una primera vez dentro de lo habitual con la excepción de que vino años antes de lo que se considera “normal”. No podría decir que fue un desastre porque no lo fue, ni tampoco creo que llegase antes de tiempo. Simplemente vino, así sin más, sin planificarlo, dejando que todo siguie- ra su curso. Al día siguiente de haberlo hecho por primera vez con doce años mis padres me preguntaron por el condón que les faltaba en su me- silla de noche. Fue algo bastante embarazoso porque no tuve alternativa y tuve que confesar. Aquel momento se me quedará grabado toda mi vida. No me salían las palabras y tampoco sabía cómo afrontar la situación. Sí, había follado por primera vez, pero también me habían pillado mis padres y era algo que a la vez me incomodaba que supieran. Podría haberles dicho que lo utilicé para una felación, o inventarme cualquier excusa, pero no sé muy bien por qué les dije la verdad. Supongo que los pobres se quedarían confusos y preocupados. Al me- nos yo me quedaría así si descubriera que mi hijo de doce años ha perdi- do la virginidad. Mis padres conocían a la chica, ya les había dicho que era mi novia, pero supongo que les preocupaba que lo hiciéramos con protección.