LAS PREGUNTAS DE LA VIDA 4.1.1.2 LAS PREGUNTAS DE LA VIDA. Fernando Savate | Page 67

Las preguntas de la vida 67 ............................................................................................................................................................................................. malvados se haya convencido de que es filia y no otra cosa lo que necesitamos? Las más características manifestaciones humanas sólo pueden comprenderse en un contexto social: son cosas que hacemos pensando en los demás y llamándoles por medio de ellas cuando no están presentes. Por ejemplo, reír. El humor es un guiño en busca de auténticos «compañeros vitales» que puedan compartir con nosotros la aparición gozosa y a veces demoledora del sinsentido en el orden rutinario de los significados establecidos. Nada es tan sociable ni une tanto como el sentido del humor: por eso cuando en una reunión amistosa se oyen muchas risas o se intercambian abundantes sonrisas decimos que «lo están pasando bien». Es decir, que se encuentran a gusto reconociéndose unos a otros. Hasta quien ríe solo en verdad ríe a la espera de las almas gemelas que puedan unirse a reír con él. Y muchas amistades -¡y no pocos amores!- comienzan cuando dos entienden un chiste que se les escapa a los demás... Tampoco la creación estética y sus goces pueden entenderse adecuadamente si no se comparten. Cuando descubrimos algo hermoso lo primero que hacemos es buscar a alguien que pueda disfrutarlo con nosotros: junto a él o a ella, también nosotros lo disfrutaremos más. Los niños pequeños se pasan la vida arrastrando de la manga a los mayores para enseñarles pequeñas maravillas que a veces los adultos son demasiado estúpidos para apreciar en lo que valen. Pero ¿qué es la belleza? ¿Por qué resulta tan importante para nosotros descubrirla, crearla y compartirla? ¿Por qué hasta lo feo tiene que arreglárselas a veces para aparecer como bonito o si no la vida deja de resultarnos apetecible? Da que pensar... ¿Podemos hacernos «humanos» por nosotros mismos, sin necesidad de nadie más? ¿Empezamos a humanizarnos con la palabra o ya antes, con la mirada de los semejantes? ¿Es inevitable que nos resulte «doloroso» la convivencia con los otros? ¿Está justificado que protestemos de los resultados efectivos de esta sociedad que por otra parte tanto necesitamos? ¿No sería peor el infierno de ser ignorado por los otros que el de vivir entre ellos? ¿Estamos «incomunicados» o es que no debemos esperar nunca «comunicarnos» del todo? ¿Nos enfrentamos los humanos en la sociedad porque no somos lo suficientemente racionales o porque no somos razonables? ¿Puede obtenerse algún modo de concordia a partir de la discordia producida por las razones contrapuestas de los hombres? ¿Cómo explica Hegel el paso desde nuestra animalidad «natural» hasta nuestra «humanidad» histórica y cultural? Los filósofos que han reflexionado sobre la po- lítica ¿quieren comprenderla mejor o aboliría de una vez? ¿Puede haber «política» sin conflicto ni enfrenta- mientos? ¿Puede haber democracia sin política? ¿En qué se parece la esencia de la filosofía a la esencia de la democracia? ¿Qué son las «utopías»? ¿Por qué los filósofos suelen ser aficionados a ellas? ¿Es lo mismo «utopía» que «ideal»? ¿Hay «utopías» aborrecibles o por lo menos peligrosas? ¿Se ha realizado históricamente alguna «utopía»? ¿Establecemos los humanos un «contrato social» o somos más bien resultado de elecciones privadas que determinan lo mejor para todos? ¿Son plenamente compatibles todos los ideales políticos en la sociedad efectiva? ¿Qué es la justicia? ¿Cuál es su relación con la «dignidad humana»? ¿Cuál es la relación entre la «dignidad» humana y los «derechos humanos»? ¿Puede haber «derechos humanos» colectivos? ¿Estamos los humanos determinados inexorablemente por nuestra raza o nuestra cultura? ¿Cuáles son los principios más generales de las morales humanas? ¿Es la risa un argumento a favor de la vida en común de los hombres? Capítulo Noveno EL ESCALOFRÍO DE LA BELLEZA En Las leyes, su último diálogo, el viejo Platón comenta que los humanos estamos sometidos a la forzosa pedagogía de dos maestros exigentes: el placer y el dolor. Ellos nos enseñan con sus coacciones - gratas o terribles-a vivir y a sobrevivir. Como la mayor parte de lo que nos hace gozar y sufrir a los humanos es común para todos, el placer y el dolor son fuertes abrazaderas de la hermandad universal entre nosotros; pero como nadie disfruta y padece exactamente con los mismos matices ni a lo largo de su trayecto vital ha estado sometido a los mismos estímulos, son también placeres y dolores los que nos dotan de una biografía irrepetible, los que perfilan la auténtica individualidad de cada cual. El placer y el dolor nos enseñan que somos «iguales» en lo general pero a la vez «diversos» en lo particular. De nuevo se comprueba que lo mismo que nos une -nuestros «intereses»-, es también lo que nos separa, nos personaliza y quizá antes o después nos enfrenta. Veamos un poco más de cerca lo que en términos muy amplios podríamos llamar «placer». No me refiero solamente a cuanto nos produce una sensación físicamente grata sino a todo aquello -sea cosa,