LaCharca Revista Cultural PRIMAVERA 2016. Número 10. | Page 51
Lima, Paris, Londres y Madrid. De esta
manera, a lo largo del relato, vemos
los dos protagonistas, la niña mala y
Ricardo –el hombre enamorado de
ella- evolucionar, tanto como el mundo. Ambos van a ver sus vidas entrelazarse sin llegar a coincidir del todo.
El personaje de “la niña mala” es múltiple. Reúne en su persona una diversidad de caracteres y personalidades. En
efecto, aparece con diferentes identidades a lo largo de la novela: primero
como Lily en Lima en 1950 cuando conoce a Ricardo, después como camarada Arlette y señora Robert Arnoux
en Paris en los años sesenta, como
Mrs. Richardson en Inglaterra cuatro
años después y como Kuriko en Japón
cuando Ricardo cumple sus 45 años.
La niña mala, como un auténtico camaleón, se adapta a cualquier situación: a
un nuevo país, a otro idioma, a otro
marido, a un nuevo nombre. Es al final
de la novela cuando Ricardo regresa a
su país de origen, Perú, que descubre
el verdadero nombre de ella: Otilia.
Mario Vargas Llosa ofrece desde el
principio del relato una descripción
muy detallada de la niña mala, calificada por Ricardo como una “beauté
exotique”. Ella tiene, según las propias
palabras del protagonista, “una fachita
de modelo, unos ojos oscuros y pícaros, y una boquita de labios carnosos”.
La describe como una mujer “muy delgada y de miembros bien proporcionados”.
La Niña Mala es una mujer muy atractiva que tiene clase, “una maniquí de
Vogue” según Ricardo. También se cui-
da mucho como él lo sugiere cuando
se reencuentran en Paris; habla de “su
cara tan bien maquillada, de sus labios
rojos, de sus cejas depiladas […], de
sus manos de largas uñas”.
La indumentaria es muy importante
en la actitud de la femme fatale porque
le da seguridad. Sabemos que la Niña
Mala le gusta mucho la moda y sigue la
de la época en la que pertenece. Cada
vez reaparece con un estilo indumentario diferente: “Vestía una falda muy
corta, según la moda, que mostraba
sus rodillas y una blusita escotada que
dejaba al