POR DOCTOR SHAPIRO L. A. |
Cada semana aparece un nuevo reto viral que pone en riesgo a niños y adolescentes. Como pediatra me preocupa profundamente. Como padre lo entiendo desde un lugar aún más cercano, porque nuestros hijos crecen en un mundo donde una cámara y una red social convierten cualquier acción en algo que miles de personas pueden ver en segundos. Las redes sociales no son buenas ni malas por sí mismas. Son herramientas poderosas que conectan, informan y permiten que las personas compartan ideas y experiencias. El problema aparece cuando la búsqueda de atención y reconocimiento transforma el riesgo en entretenimiento.
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Muchos de estos retos parecen simples cuando se ven en un video corto. Duran pocos segundos y generan miles de vistas. Lo que muchas veces no aparece en pantalla son las consecuencias reales: quemaduras, intoxicaciones, fracturas o visitas a la sala de emergencia. En los últimos años, hospitales en Estados Unidos han reportado lesiones en adolescentes relacionadas con desafíos difundidos en redes sociales, algunos de ellos con consecuencias graves.
¿ Por qué los retos virales atraen a los jóvenes?
Una pregunta que muchos padres se hacen es por qué estos retos resultan tan atractivos para los jóvenes. Parte de la respuesta está en el desarrollo del cerebro durante la adolescencia. Las áreas responsables de controlar impulsos y evaluar riesgos todavía están en formación. Al mismo
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tiempo, la necesidad de pertenecer a un grupo y recibir aprobación social se vuelve muy intensa.
También existe otro factor importante. Muchos videos eliminan el contexto. No muestran el proceso completo ni las consecuencias. Solo aparece el momento que llama la atención. Eso crea la falsa percepción de que el reto es sencillo y seguro.
El papel de la familia frente a estos riesgos
Las familias no pueden quedarse al margen. Lo que realmente marca la diferencia es mantener conversaciones abiertas y constantes, sin prohibiciones o miedos. Pregunta a tus hijos qué contenidos ven en redes sociales, qué retos circulan entre sus amigos y cómo se sienten cuando alguien les propone participar. Escuchar sin juzgar abre la puerta a una conversación más honesta.
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También es importante explicar cómo funcionan las plataformas digitales. Muchos contenidos se vuelven virales porque provocan emociones fuertes o muestran comportamientos extremos. El algoritmo premia lo impactante, no necesariamente lo seguro.
En casa debemos reforzar un mensaje claro: ningún video vale una lesión. Ningún reto vale tu salud.
Cuando los niños y adolescentes saben que pueden hablar con sus padres sin miedo a ser castigados o juzgados, toman decisiones más seguras.
La prevención empieza con información, confianza y presencia familiar. Esa conversación en casa puede marcar la diferencia entre un momento viral y una situación que nadie quiere enfrentar. �
Dr. Shapiro es Director Médico de Educación en Salud y Bienestar en AltaMed
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