autobiográficos. Nacida y criada en sus primeras etapas de vida en la provincia Villa de Ballester, donde existe una presencia ferroviaria notable, guarda increíbles semejanzas con el espacio de la Neomudejar. El hecho de plasmar su creatividad en un espacio que comparte rasgos con aquel entorno que definió su forma vital de ver la vida, adquiere automáticamente el significado de respeto y homenaje que de nuevo estimulan sensaciones antaño olvidadas. |
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Si se quisieramos establecer una categoría artística que definiese el trabajo de Graciela Goncalves, esta sería indudablemente catalogada como pintura. Pero que esto no induzca a error. Nos encontramos ante una nueva tendencia donde prima más el recalque de un dibujo bidimensional fruto de la herencia cultural de las nuevas generaciones criadas los últimos avances del mundo audiovisual( véanse cómics, series y películas de animación, música y videojuegos) que delimita los colores empleados( primarios y de gran vivacidad por su parte) a modo de reclamo visual para el transeúnte. Animales con formas antropomórficas dan vida a curiosos objetos inanimados mediante el curioso aprovechamiento de elementos ya existentes( como pueden ser tomas de aire o calefactores) a modo de collage. El resultado en sí plantea y aporta nuevos valores a la obra, tales como la textura y plasticidad tridimensional, que incentiva el acercamiento del caminante. Se trata en definitiva un arte locuaz y humilde, que bebe del realismo mágico caricaturizado con el único propósito de agradar y hacer más llevadero nuestros quehaceres diarios.
La obra que lleva a cabo Graciela en el CAV La Neomudejár bebe directamente de autores como Jamie Hewlett o Hideo Miyazaki en cuanto a trazo y estilo se refiere. En el plano temático, este street art surge como una reinterpretación de un mensaje político concreto: La denuncia de la pobreza en el mundo infantil. Fruto de sus vivencias y contactos con ambas caras de una sociedad, la autora es consciente de que los graffitis actuales que recalcan dicha situación no se corresponden necesariamente a una imagen reveladora. Si bien es cierto que admite esa cruda realidad, lo concibe más bien como un retrato de la vida en la ciudad, de cómo las personas se apropian del espacio, de la etiqueta social marginadora surgida de otros estilos de vida más acomodados económicamente. La pobreza se deja
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entrever por el contexto, pero queda en un segundo plano cuando apreciamos el juego, la inventiva y la alegría de dos niños que se afanan en construir un robot a base de chatarra.
En el apartado conceptual, ella misma reconoce que este mural surge como el resultado de unas serie de coincidencias o retroinstropecciones que han fomentado lo mejor de sí misma. Por un lado se da el caso del viaje. Un viaje metafórico y real que se traduce en un deseo de plasmar aquello que seguramente no tendrá oportunidad de ver de nuevo. La fugacidad del momento y el compromiso que implica el aquí y ahora, como si de un tiempo límite se tratase, es a la postre el mejor combustible con el que dar marcha a la maquinaria creativa. Otros ven en ella el anhelo por suscitar un legado firme y sincero que simbolice a su vez el arrojo y valentía de emigrar a otro país en busca de nuevos retos y posibilidades.
El segundo elemento en forma de una novedad patente se da dentro del estilo de la propia artista respecto a anteriores trabajos: No hay ninguna imposición creativa o filtro que condicione su visión. Si bien es cierto que sí hay un tema central( la vida diaria de unos niños pobres), tanto la interpretación como ejecución de este no están sujetos a ninguna exigencia, salvo eso sí, la de ser plasmada. Esta apreciación, que en una primera instancia podría ser calificada de inconsistente, tiene sentido dentro del contexto formativo de la artista. Esta nueva generación que empieza a dar sus primeros pasos es producto de lo que se conoce como artistas transmedia, es decir, aquellos cuya labor en origen iba destinada a proyectos audiovisuales de ocio donde prima más el gusto y venta inmediata que la capacidad creativa del sujeto.
El último factor que se suma a esta interesante mezcla adquiere tintes
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En la actualidad, y a lo que nuevos proyectos se refiere, Graciela Goncalves admite que se deja llevar por la intuición. El hecho de llegar al país, acompañada de la no menos conocida incertidumbre, supone para ella un lienzo en blanco que, poco a poco, se irá llenando de nuevos contactos, experiencias, encargos e ilusiones que marcarán, sin duda alguna, una bella impronta en su carrera. |