LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 91

como embajador en Panamá, pero por el momento era el Apolo de la escuela, su Mitra. Los profesores, el personal, las mu- chachas, los muchachos, todos lanzaban pétalos de adoración a sus pies finos y arqueados: él era la prueba fehaciente de que Dios —¡El Dios Todopoderoso, centro y circunferencia de toda democracia!— no ama a todos sus hijos de igual modo. ¿Y cómo se portó Beli con este objeto de insensata atrac- ción? De manera por entero acorde con su terca franqueza: fue a millón por el pasillo, los libros contra el pecho pubescente, la mirada fija en los pies y, fingiendo no verlo, chocó con su santificado exterior. Caramb... farfulló él, dando la vuelta, y ahí vio que era Belicia, una chica, que ahora se inclinaba para recuperar sus libros. Entonces él también se inclinó (era, al menos, todo un caballero), mientras su ira se disipaba, convertida en confusión, irritación. Caramba, Cabral, ¿qué te crees? ¿Un murciélago? Mira. Por. Donde. Caminas. Una sola línea de preocupación arrugaba su alta frente (su «raya», le decían) y los ojos del azul más profundo. Los ojos de Atlantis. (Una vez Beli lo había oído por casualidad pavo- nándose con una de sus muchas admiradoras: ¿Oh, these ol' things? Los heredé de mi abuela alemana.) ¡Vamos, Cabral! ¿Qué te pasa? ¡La culpa es tuya!, juró, refiriéndose a más de una cosa. Quizá viera mejor, dijo con sorna uno de los tenientes de Jack, si ya hubiera anochecido. de la muerte a eliminar a cientos de personas y alentando a millares a irse del país. Fue él quien supervisó/inició lo que llamamos la Diáspora. Considerado nuestro «genio nacional», Joaquín Balaguer era un negrófobo, un apologista del genocidio, un ladrón electoral y un asesino de la gente que escribía mejor que él; es notorio que ordenó la muerte del periodista Orlando Martínez. Con posterioridad, cuando escribió sus memorias, dijo que sabía quién había cometido el criminal hecho (por supuesto, no él) y dejó una página en blanco en el texto para a su muerte completarla con la verdad. (¿Cabe decir impunidad?) Balaguer murió en 2002. La página sigue en blanco. Apareció como un personaje comprensivo en La fiesta del Chivo de Vargas Llosa. Como la mayoría de los homúnculos, no se casó ni dejó descendencia.