LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 89

americana). Miraba sin pena a los tígueres en la guagua, besaba en secreto el pan de los buenmozos que frecuentaban la panadería, cantaba para sí todas esas lindas canciones cubanas de amor. (Que Dios te ampare, rezongaba La Inca en voz baja, si crees que los muchachos te van a resolver algo en esta vida.) Pero incluso su situación con los chicos dejaba mucho que desear. De haberse interesado en los tígueres del barrio, nuestra Beli no habría tenido problema alguno, pues todos hubieran complacido su espíritu romántico en un santiamén. Pero, por desgracia, la esperanza de La Inca de que los aires enrarecidos del colegio El Redentor tuvieran un efecto saludable en el carácter de la muchacha (como una docena de palizas con la correa mojada o tres meses en un convento sin calefacción) había dado fruto por lo menos en un sentido, pues ya Beli, a los trece años, solo tenía ojos para los Jack Pujols de este mundo. Pero como ocurre muchas veces en estas situaciones, los muchachos de clase alta que ella tanto deseaba ni se enteraron de su existencia: Beli no tenía lo suficiente de nada como para hacer que esos rubirosas abandonaran sus ensueños con jevitas millonarias. ¡Qué vida! Cada día giraba sobre su eje con mayor lentitud que un año. Con la mandíbula apretada, soportaba la escuela, la panadería, la solicitud sofocante de La Inca. Buscaba con la vista, ansiosa, a visitantes que no fueran del pueblo, abría los brazos al más leve atisbo de viento y al anochecer luchaba como el mismo Jacob contra el peso del océano que amenazaba con aplastarla. KIMOTA ¿Qué pasó? Un muchacho. Su primero.