LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Seite 70

minicanos, perdemos una hija y puede que ni cancelemos la cita en la peluquería. Cuando llegó noviembre yo estaba liquidada. Me sentaba con Aldo y su padre hediondo a ver las viejas series de TV, las que veíamos mi hermano y yo de niños -Apartamento para tres, What's Happening, The Jeffersons- y mi decepción se insinuaba en cierto órgano muy suave y blando. Ya empezaba a hacer frío también y el viento se colaba por toda la casita y se metía debajo de las frazadas y en la ducha. Era tremendo. Empecé a tener visiones estúpidas de mi hermano tratando de hacerse su comida. No me pregunten por qué. Yo era la que siempre había cocinado para los dos, lo único que Oscar sabía hacer era derretidos de queso. Me lo imaginaba flaco como la caña, vagando por la cocina, desesperado, abriendo los estantes. Hasta empecé a soñar con mi mamá, salvo que en mis sueños ella era una niña chiquita, chiquitita de verdad. La podía sostener en la palma de la mano mientras ella intentaba decirme algo. La llevaba hasta la oreja y seguía sin poderla oír. Siempre he odiado los sueños obvios. Todavía los odio. Entonces Aldo decidió hacerse el simpático. Yo sabía que él ya no estaba contento con la relación, pero no supe cuánto hasta una noche que sus amigos vinieron de visita. Su papá había ido a Atlantic City y ellos estaban bebiendo y fumando y haciendo bromas groseras, cuando de repente Aldo dice: ¿Ustedes saben lo que significa Pontiac? Poor Old Nigger Thinks it's a Cadillac. ¿Y a quién miraba al decirlo? A mí, di- rectamente a mí. Esa noche me deseó, pero le aparté la mano. No me toques. Vamos, no te pongas brava, dijo, poniendo mi mano en su güevo. No fue nada. Y entonces se rió. ¿Y qué hice yo a los pocos días? Una verdadera estupidez Llamé a casa. La primera vez nadie contestó. La segunda vez salió Óscar. Residencia de León, ¿a quién solicita? Así era mi hermano. Por eso todo el mundo lo odiaba. Soy yo, anormal.