LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 62
decía. Pero no tienes idea alguna de cómo es la vida. Sí, señora.
Cuando ella me dijo que podía ir a acampar a las montañas con
mis compañeros de sexto grado, y compré una mochila con el
dinero que me ganaba repartiendo periódicos y le escribí notas
a Bobby Santos porque él había prometido venir a mi cabaña a
besarme delante de todo el mundo, yo la creí. Y cuando llegó la
mañana del viaje y ella anunció que yo no iba y yo le dije: Pero
si me lo prometiste, y ella contestó: Muchacha del Diablo, yo
no te prometí nada, no le lancé mi mochila, ni me saqué los
ojos. Y cuando resultó que fue Laura Sáenz quien terminó
besando a Bobby Santos, tampoco dije nada. Me quedé en mi
cuarto con mi estúpido Bear-Bear y canté para mis adentros,
tratando de imaginar adónde huiría cuando fuera grande. A
Japón quizá, donde buscaría a Tomoko, o a Austria, donde mi
canto inspiraría una nueva versión de Sonrisas y lágrimas. Mis
libros favoritos de ese período eran todos sobre fugitivos: La
colina de Watership, Viaje alucinante, Mi rincón en la
montaña y cuando salió la canción «Runaway» de Bon Jovi,
imaginaba que era sobre mí. Nadie tenía la menor idea. Era la
muchacha más alta y torpe de la escuela, la que se vestía como
la Mujer Maravilla cada Halloween, la que no decía una
palabra. La gente me veía con mis espejuelos y mi ropa de
segunda mano y no imaginaba de lo que yo era capaz. Y
entonces, cuando cumplí los doce años, tuve esa sensación,
como un hechizo aterrador, y antes de que pudiera darme
cuenta, mi mamá se enfermó y toda la furia que había
acumulado dentro de mí durante todo ese tiempo, la que yo
había intentado reprimir con trabajo doméstico y tareas y
promesas de que en cuanto llegara a la universidad podría hacer
lo que me diera la gana, estalló. No pude evitarlo. Traté de
contenerme pero la energía inundaba todos mis espacios
reservados. Era un mensaje más que una sensación, un mensaje
que tañía como una campana: cambia, cambia, cambia.
No sucedió de la noche a la mañana. Sí, la furia estaba en
mí; sí, hacía a mi corazón latir con rapidez todo el santo día; sí,
bailaba a mi alrededor mientras caminaba por las calles; sí, me