LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 280
Era un total y completo desastre. Sabía que la amaba como
nunca había amado a nadie. Sabía lo que debía hacer: hacer
como Lola y regresar. Al carajo con el capitán. Al carajo con
Grundy y Grod. Al carajo con todo. Fácil decirlo a la luz ra-
cional del día, pero de noche los ñames se le hacían agua fría y
le corrían por las fokin piernas como pis. Soñó repetidas veces
con la caña, la terrible caña, salvo que ahora no era él quien
recibía la golpiza, sino su hermana, su mamá, las oía chillar,
rogando que no siguieran, por el amor de Dios, que pararan,
¡pero en vez de correr hacia las voces, huía! Despertó gritando.
A mí no. A mí no.
Vio Virus por milésima vez y por milésima vez se le aguaron
los ojos cuando el científico japonés al fin llega a Tierra del
Fuego y al amor de su vida. Leyó El Señor de los Anillos por la
que calculo fue millonésima vez, uno de sus grandes amores y
grandes consuelos desde que lo descubrió a los nueve años,
perdido y solo, cuando una de sus bibliotecarias favoritas le
dijo: A ver, prueba con esto, y esa sola sugerencia cambió su
vida. Casi terminó la trilogía entera, pero entonces llegó a la
línea que decía «y de Lejano Harad vinieron hombres negros
medio gnomos» y tuvo que parar: la cabeza y el corazón le
dolían demasiado.
Seis semanas después de la Pateadura Colosal soñó con la
caña otra vez. Pero en lugar de salir corriendo cuando empe-
zaron los gritos, cuando los huesos comenzaron a romperse,
hizo acopio de todo el valor que había tenido en su vida, que
jamás volvería a tener, y se obligó a lo único que no quería
hacer, que no podía soportar hacer.
Escuchó.