LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Seite 164
Me incorporé. El tipo me miraba con fijeza en la oscuridad,
serio, superserio.
Va contra las leyes de la naturaleza que un dominicano muera
sin haber rapado por lo menos una vez, Ó.
Eso, suspiró, es lo que me preocupa.
Entonces, ¿qué ocurrió a principios de octubre? Lo que siempre
les pasa a los playboys como yo. Me agarraron.
No fue sorpresa alguna, dada la vida tan disipada que lleva-
ba. Ni tampoco fue una cosa sin importancia. Mi novia, Suri-yan,
se enteró que andaba con una de sus hermanas. Socios: nunca,
nunca, nunca se metan con un perra llamada Awilda. Porque
cuando se ponga a awildar, van a saber lo que es dolor de verdad.
La Awilda de marras me jodió por no sé qué fokin razón, grabó
una de mis llamadas y antes de que se pudiera decir ¡Mierda! ya
todo el mundo estaba enterado. La tipa debe de haber pasado la
grabación como quinientas veces. Era la segunda vez que me
pillaban en dos años, un récord incluso para mí. Suriyan se
volvió loca y me atacó en la guagua E. Los muchachos se reían y
corrían y yo me hacía el que no había hecho na. De repente,
empecé a pasar cantidad de tiempo en el dormitorio. Probando la
mano en uno o dos cuentos. Viendo películas con Óscar. Regreso
a la Tierra, Appleseed, Proyecto A. Estaba desesperado por
encontrar una cuerda de salvamento.
Debí haber tratado de ingresar en algún programa de reha-
bilitación de chochacólicos. Pero si piensan que eso es posible,
entonces no saben nada de los hombres dominicanos. En vez de
centrarme en algo difícil pero útil, como, digamos, mis propios
líos, me centré en algo fácil y redentor.
De la nada, y nada influido por mi propio estado mental —
¡claro que no!—, decidí que iba a arreglarle la vida a Óscar. Una
noche mientras lamentaba su triste existencia, le pregunté: ¿De
verdad quieres cambiar?