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gravemente herida en su aterrizaje forzoso sobre alta mar, que le permitió
excusarse.
Fue juzgado en Bélgica y el 29 de Diciembre de 1945 se le retiró la
nacionalidad belga, siendo condenado a muerte por la colaboración con los
Nazis. El 21 de Agosto de 1946 Franco fingió ceder a la presión internacional
para su entrega, pero le permitió huir y en su lugar entregó a un impostor, cuya
identidad fue rápidamente descubierta.
José Finat y Escrivá de Romaní y José María Martín Hoffmann (identidad de
Hans Joseph Hoffmann, el que fuera cónsul honorario general de Alemania en
Málaga) miembro muy relevante de la Gestapo, artífice del asentamiento de
muchos Nazis en España, facilitaron dinero, documentos falsos y apoyo a
Degrelle durante quince años.
Con ayuda de la falange española, dirigió una empresa constructora, que
efectuó numerosas obras para el gobierno franquista.
En los años cincuenta y hasta 1963, estuvo localizado en la finca Carlina, junto
al municipio de Constantina (Sevilla), donde llevó a cabo unas obras de
construcción de un palacete y unas residencias anexas, que hoy todavía
subsisten. En ellas se refleja su pasión por la arqueología y el arte.
A pesar del juicio en el que se enfrentó en 1985, al negar la existencia del
holocausto, el Tribunal Supremo llegó a la conclusión de que, si bien el derecho
a la libertad de expresión cubre también la publicación de falsedades o
distorsiones de los hechos históricos, lo que no le dio cárcel pero que sí debió
pagar una fuerte multa por considerarse un agravio en contra de la dignidad de
los afectados.
Pese al apoyo de CEDADE y otro grupos de extrema derecha, la sentencia se
hizo efectiva; Degrelle siguió sin embargo, apareciendo en los encuentros de la
extrema derecha, y fue invitado de honor en la concentración organizada para
conmemorar el centenario de Adolf Hitler en 1989. Pocos años más tarde, el 31
de Marzo Degrelle moriría en el Sanatorio Parque San Antonio de Málaga, a la
edad de ochenta y siete años.
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