Zulema Buk y Abraham (Peter) Slavkin, abuelos de Alan Fuks
Aida Bursztein, Elena y Lito Feder, abuelos de Iván Bursztein
Afloran a mi mente historias que me contaban mis padres y otras de mi
infancia. En 1922 mi papa con solo 17 años en tiempos de guerra decide
con el consentimiento familiar, viajar a EE.UU, con ayuda de tías que allí
vivían, por no permitirle la entrada del buque a EEUU. El destino quiso
que desviara a la Argentina después de una larga y penosa odisea. Hospedado en el puerto de Bs. As, en el hotel de los inmigrantes, consiguió
trabajo, no hablaba español, y dominaba varios idiomas, tenía facilidad
y muy pronto aprendió. Así fue trayendo de a poco su familia. Eran religiosos, mi Zeide José Buk more, pasaba largas horas acompañado por el
SIDUR en el templo, mi bobe, Cima JaieKotkes, gran madre, trabajadora,
hacendosa, elaboraba todo, mi padre era el segundo de 5 hermanos. Cuando la familia llego ya lo esperaban con un terreno y casita. Mi Zeide José
fue more de la escuela Bialik de Devoto, que se inició en una casa, para
pasar luego al edificio actual, como fundadores, sus nombres están entre
otros, en la pared del templo, y siento orgullo. José Buk y Cima JaieBuk de
quien llevo su nombre la amo sin conocerla.
Recuerdo los preparativos para Pesaj en casa de mi Zeide en Devoto. Mi
Padre Mendel se encargaba de comprar los frescos dorados y bogas, para el
“Guefiltefish” en el puerto de Olivos. Las mujeres de la familia, sentadas
en sillas bajas, limpiaban las escamas y vísceras y luego los molían, elaboraban los pollos pasaban por el “shoijet” y luego quitaban las plumas,
las más suaves de la pancita, se guardaban para relleno de almohadas y
acolchados, se cocinaba en braseros al carbón o en los pequeños calentadores a Kerosene. La noche de Pesaj mi Zeide José en la cabecera de la mesa
festiva, las velas encendidas, a su lado la “Hagadá”, la jarra y fuente de
porcelana, traída de Europa para el lavado de manos. Todos sentados a
la mesa, respetuosamente siguiendo el Seder, cada hijo leía su parte, a
medida que su papa lo indicaba, yo era pequeña pero guardo el recuerdo
de esos días.
El “Sidur” de mi padre Manuel, no está conmigo hoy…pero lo recuerdo como a tantos libros que había en casa con sus páginas amarillas y
ajadas por el paso del tiempo. Entrañables en mi memoria emotiva. Trato
de sostener las tradiciones, desde mi lugar, con menores conocimientos
que mis nietos. No puede faltar el leikaj de miel que llevo al templo en
Kipur, para cortar el ayuno.
Estamos muy felices de poder compartir con Iván este momento tan especial, como es la entrega del Sidur. Nosotros (abuelos maternos) vivimos
en Israel y así como ocurrió para la entrega del Tanaj, estamos otra vez en
esta nueva entrega que significa tanto para los chicos.
Relato de nuestros abuelos
Relato de nuestros abuelos
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Siempre nos es muy grato poder estar junto a nuestros nietos ante cada
evento importante.
Felicitaciones y que siempre nos reunamos para celebraciones.
Son los sinceros deseos de los abuelos de Iván Bursztein para todos los que
están en quinto grado.
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