La historia viva de nuestro Pueblo | Page 54

Zulema Buk y Abraham (Peter) Slavkin, abuelos de Alan Fuks Aida Bursztein, Elena y Lito Feder, abuelos de Iván Bursztein Afloran a mi mente historias que me contaban mis padres y otras de mi infancia. En 1922 mi papa con solo 17 años en tiempos de guerra decide con el consentimiento familiar, viajar a EE.UU, con ayuda de tías que allí vivían, por no permitirle la entrada del buque a EEUU. El destino quiso que desviara a la Argentina después de una larga y penosa odisea. Hospedado en el puerto de Bs. As, en el hotel de los inmigrantes, consiguió trabajo, no hablaba español, y dominaba varios idiomas, tenía facilidad y muy pronto aprendió. Así fue trayendo de a poco su familia. Eran religiosos, mi Zeide José Buk more, pasaba largas horas acompañado por el SIDUR en el templo, mi bobe, Cima JaieKotkes, gran madre, trabajadora, hacendosa, elaboraba todo, mi padre era el segundo de 5 hermanos. Cuando la familia llego ya lo esperaban con un terreno y casita. Mi Zeide José fue more de la escuela Bialik de Devoto, que se inició en una casa, para pasar luego al edificio actual, como fundadores, sus nombres están entre otros, en la pared del templo, y siento orgullo. José Buk y Cima JaieBuk de quien llevo su nombre la amo sin conocerla. Recuerdo los preparativos para Pesaj en casa de mi Zeide en Devoto. Mi Padre Mendel se encargaba de comprar los frescos dorados y bogas, para el “Guefiltefish” en el puerto de Olivos. Las mujeres de la familia, sentadas en sillas bajas, limpiaban las escamas y vísceras y luego los molían, elaboraban los pollos pasaban por el “shoijet” y luego quitaban las plumas, las más suaves de la pancita, se guardaban para relleno de almohadas y acolchados, se cocinaba en braseros al carbón o en los pequeños calentadores a Kerosene. La noche de Pesaj mi Zeide José en la cabecera de la mesa festiva, las velas encendidas, a su lado la “Hagadá”, la jarra y fuente de porcelana, traída de Europa para el lavado de manos. Todos sentados a la mesa, respetuosamente siguiendo el Seder, cada hijo leía su parte, a medida que su papa lo indicaba, yo era pequeña pero guardo el recuerdo de esos días. El “Sidur” de mi padre Manuel, no está conmigo hoy…pero lo recuerdo como a tantos libros que había en casa con sus páginas amarillas y ajadas por el paso del tiempo. Entrañables en mi memoria emotiva. Trato de sostener las tradiciones, desde mi lugar, con menores conocimientos que mis nietos. No puede faltar el leikaj de miel que llevo al templo en Kipur, para cortar el ayuno. Estamos muy felices de poder compartir con Iván este momento tan especial, como es la entrega del Sidur. Nosotros (abuelos maternos) vivimos en Israel y así como ocurrió para la entrega del Tanaj, estamos otra vez en esta nueva entrega que significa tanto para los chicos. Relato de nuestros abuelos Relato de nuestros abuelos Pag. 54 Siempre nos es muy grato poder estar junto a nuestros nietos ante cada evento importante. Felicitaciones y que siempre nos reunamos para celebraciones. Son los sinceros deseos de los abuelos de Iván Bursztein para todos los que están en quinto grado. Pag. 55