tiempo. Creía firmemente que para prevenir las enfermedades gingivales era conveniente el respaldo de los dientes y el desbridamiento de de las superficies de las raíces. Partidario de la odontología preventiva, recomendaba el uso de enjuagues bucales como parte del cuidado diario dando muchas fórmulas para prepararlos. Este avanzado pensador creía firmemente que uno debía enjuagarse cada mañana con varias cucharadas de la propia recién vaciada orina para asegurar una buena salud.
Fauchard dio muchos consejos prácticos e ilustro su libro con excelentes dibujos tanto de los instrumentos que diseño como de sus aparatos protésicos. Además dotó al gabinete del dentista de una nueva dignidad y decoro insistiendo para que el paciente en vez de sentarse en el suelo con el dentista de pie junto a él, se sentase“ en un sillón que fuese sólido y firme” adecuado y confortable, cuyo respaldo debía ser de pelo de caballo con una almohada blanda o más o menos levantada según la estatura del paciente y particularmente de acuerdo a la del dentista. Fauchard se hizo acreedor de gran fama y respeto durante la vida. Separó con eficacia la odontología del campo de la cirugía y sobretodo del oficio de los sacamuelas, equipándola a una profesión independiente, con su propio campo debidamente circunscrito de deberes y servicio y su propio nombre.( Fue Fauchard quien acuño el término“ dentista cirujano”, que es como los franceses llaman a sus dentistas hoy en día.
Nadie ha hecho una evaluación más sagaz de los logros de Pierre Fauchard que el gran dentista americano Chapin A. Harris:“ considerando las circunstancias en que vivió, Fauchard merece ser recordado como un noble pionero y seguro fundador de la ciencia odontológica. Si su práctica era tosca se debió a sus tiempos; si fue un científico comparativamente superior y afamado, se lo debió a sí mismo”.
Creación de la primera escuela dental en el mundo; colegio de cirugía dental de Baltimore.
A principios del Siglo XIX, en EUA no existía ninguna institución que de un modo organizado, enseñara la profesión dental. Los primeros dentistas que llegaron a ese país fueron de Europa, Inglaterra y Francia. Éstos comenzaron a instruir a norteamericanos interesados en esta nueva disciplina. La medicina para entonces se enseñaba en colegios y universidades, pero existía poco interés por parte de los médicos por desarrollar esta profesión. La gente que padecía algún mal dental recurría en un principio al médico, que trataba de aliviar o calmar el dolor, cosa que en muchos casos no tenía el éxito esperado y
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