LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Page 227
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ANA MARÍA ARAGONÉS, UBERTO SALGADO
torios hacia Estados Unidos, pues los diversos proyectos productivos po
dían absorberlos, lo que explicaría, en gran parte, por qué cuando Estados
Unidos se encontró urgido de mano de obra se vio prácticamente forzado
a firmar con el gobierno mexicano el llamado Programa Bracero (1942-
1964) el que, si bien a lo largo de su vigencia enfrentó muchos problemas,
tenía un marco regulatorio de referencia para discutir los conflictos a nivel de
los propios gobiernos.
En la década de 1970, el campo mexicano empezó a sufrir la crisis del
sector que redujo el producto agrícola considerablemente, pues si de 1946 a
1956 crecía a un ritmo del 7.5% anual, y entre 1956-1966 lo hizo en 4.3%,
entre 1966-1977 el crecimiento fue de tan sólo 0.8% en promedio para el pe
riodo (Gómez, 1978). De acuerdo con Ortega et al. (2010), dicha crisis se
debió principalmente a una caída de la demanda interna de alimentos, que a
su vez se explica por una contracción de los salarios reales (como respues
ta a las presiones inflacionarias sufridas durante ese periodo), una caída en la
rentabilidad de las inversiones y acumulación de capital agrícola en algunas
de las ramas de la producción rural, sobre todo aquellas concentradas en
la mano de obra propia y familiar. Pero a partir de la imposición del modelo
neoliberal y concretamente con la firma del TLCAN, el ya deteriorado
campo mexicano sufrió un verdadero quebranto intensificándose la degra
dación y la desarticulación productiva en la esfera rural. La estrategia ha
sido por completo contraria a su recuperación, pues el Estado ha ido redu
ciendo considerablemente el gasto público que destinaba al sector. De
acuerdo a cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en 1995 al
sector agrícola se le asignaba el 7.3% del gasto federal y éste se redujo a sólo
el 3.1% para 2013. Este gran recorte presupuestal se ve reflejado en meno
res subsidios destinados a la producción agrícola, siguiendo fielmente los
preceptos neoliberales sobre la disciplina fiscal, aunque sólo para México
pues, si se comparan los subsidios que reciben los campesinos estadouni
denses respecto a los mexicanos, la diferencia es abismal tal como se mues
tra en la gráfica 5.
El recorte de la inversión pública en irrigación, en el fomento agrícola y
en el crédito rural, provocó una relación de precios desfavorable para la agri-
cultura, lo que fue la puntilla para la completa devastación del campo me
xicano. Si a estos elementos le agregamos la desgravación arancelaria a gran
parte de los productos provenientes del campo, el saldo de esta política fue
una balanza comercial agrícola deficitaria frente a Estados Unidos, tal como
se muestra en la gráfica 6, lo que ha dado lugar a la erosión en la autosufi
ciencia alimentaria y la eliminación de 4.9 millones de empleos en el cam
po (Matilde, 2014).