principal actividad económica de África Occidental, donde más de dos tercios de la
población dependen de ella (Servicio de Noticias de las Naciones Unidas, 2015). La FAO
calcula que aproximadamente un millón de personas necesitan asistencia alimentaria.
Esta epidemia ha dejado en evidencia rencillas históricas entre gobierno y comunidades
tradicionales de los países afectados. Las políticas para solucionar estos desencuentros
impedían un mayor despliegue en educación o sanidad. Liberia, el país con mayor
número de fallecidos por ébola, solo contaba con 45 médicos antes de la epidemia para
una población total de 4,5 millones de habitantes. Un pueblo descontento con las
acciones ineficaces de su gobierno, puede llevar a una desestabilización total de la zona a
nivel político. Con elecciones a la vista en Liberia (pospuestas varias veces), y Guinea
(octubre 2015), el riesgo de que se rompa el equilibrio político que tanto se ha trabajado
en conseguir es elevado, con episodios de tensión e incluso de violencia escalando
rápidamente (Foucher, 2015).
Tras su paso, el ébola ha dejado miles de huérfanos y una sociedad más vulnerable, que
podría intentar refugiarse en la religión y caer en las redes de grupos radicales: líderes
religiosos que manipulan a la población con fines políticos y fomenta