LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Page 58

comprendido la orden, se detuvo. Entra, insistió el alfarero. El perro avanzó despacio y se paró en medio de la cocina. Bienvenido a casa, dijo Marta, pero te advierto que es mejor que comiences ya a conocer el reglamento doméstico, las necesidades de perro, tanto las sólidas como las líquidas, se satisfacen fuera, la de comer también, durante el día podrás entrar o salir cuantas veces te apetezca, pero por la noche te recogerás en la caseta, para guardar la casa, y con esto no creas que estoy dispuesta a quererte menos que tu dueño, la prueba está en que he sido yo quien le ha dicho que eres un perro necesitado de compañía. Durante el tiempo que duró el aleccionamiento, Encontrado nunca desvió los ojos. No podía entender lo que Marta le indicaba, pero su pequeño cerebro de perro comprendía que para saber hay que mirar y escuchar. Esperó todavía unos instantes cuando Marta dejó de hablar, después fue a enroscarse a un rincón de la cocina, aunque no llegó a calentar el sitio, apenas Cipriano Algor acababa de sentarse mudó de lugar para tumbarse junto a su silla. Y para que no quedasen dudas en el espíritu de los dueños sobre el claro sentido que tenía de sus obligaciones y de sus responsabilidades, todavía no había transcurrido un cuarto de hora y ya se levantaba de allí para echarse al lado de Marta, un perro sabe muy bien cuándo alguien necesita de su compañía. Fueron tres días de actividad intensa, de nerviosa excitación, de un continuo hacer y deshacer en el papel y en el barro. Ninguno de ellos quería admitir que el resultado de la idea y del trabajo que estaban realizando para darle solidez podría ser un rechazo brusco, sin otras explicaciones que no fueran, El tiempo de estos muñecos ya ha pasado. Náufragos, remaban hacia una isla sin saber si se trataba de una isla real o de su espectro. De los dos, la más habilidosa para el dibujo era Marta, por eso fue ella quien se encargó de la tarea de trasladar al papel los seis tipos escogidos, aumentándolos, por el clásico proceso de la cuadrícula, hasta el tamaño exacto en que los muñecos deberían quedar después de cocidos, un palmo bien medido, no de los de ella, que tiene la mano pequeña, sino de los del padre. Siguió la operación de dar color a los dibujos, complicada no por exageradas preocupaciones de primor en la ejecución, sino porque era necesario escoger y combinar colores que no se sabía si corresponderían al natural de las figuras, dado que la enciclopedia, ilustrada de acuerdo con las tecnologías gráficas del tiempo, sólo contenía grabados a talla dulce, minuciosos en el pormenor pero sin otros efectos cromáticos que las variaciones de un aparente gris resultante de la impresión de los trazos negros sobre el fondo invariable del papel. De todos, el más fácil de pintar es, obviamente, la 58