LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Seite 251
frente a la casa, y entonces Cipriano Algor entró en la alfarería y retiró
con cuidado de la estantería las figurillas defectuosas que había
juntado, y las unió a sus hermanas correctas y sanas, con la lluvia se
convertirán en barro, y después en polvo cuando el sol las seque, pero
ése es el destino de todos nosotros, ahora ya no es delante de la casa
donde las figurillas están de guardia, también defienden la entrada de
la alfarería, al final serán más de trescientos muñecos mirando de
frente, payasos, bufones, esquimales, mandarines, enfermeras, asirios
de barbas, hasta ahora Encontrado no ha derribado ninguno,
Encontrado es un perro consciente, sensible, casi humano, no necesita
que le expliquen lo que está pasando aquí. Cipriano Algor cerró la
puerta del horno, dijo, Ahora podemos irnos. La furgoneta hizo la
maniobra y bajó la cuesta. Llegando a la carretera giró a la izquierda.
Marta lloraba con los ojos secos, Isaura la abrazaba, mientras
Encontrado se enroscaba en una esquina del asiento por no saber a
quién acudir. Algunos kilómetros andados, Marcial dijo, Escribiré a mis
padres cuando paremos para almorzar. Y luego, dirigiéndose a Isaura
y al suegro, Había un cartel, de esos grandes, en la fachada del
Centro, a que no son capaces de adivinar lo que decía, preguntó, No
tenemos ni idea, respondieron ambos, y entonces Marcial dijo, como si
recitase, EN BREVE, APERTURA AL PÚBLICO DE LA CAVERNA DE
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SU ENTRADA.
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