LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Page 247
además, si nos tomáramos el trabajo de observar que hay por lo
menos una cara, la de la insoportabilidad, en que una y otra se tocan y
se hacen comunes, automáticamente deja de existir cualquier motivo
serio para afirmar que las dos razones son contradictorias entre sí.
Isaura Madruga no es particularmente versada en historias antiguas e
invenciones mitológicas, pero sólo necesitó de dos palabras simples
para comprender lo esencial de la cuestión. Aunque las conozcamos
ya, no se pierde nada en dejarlas escritas otra vez, Éramos nosotros.
Por la tarde, como estaba acordado, Cipriano Algor telefoneó a Marta
para decirle que había llegado bien, que la casa estaba como si la
hubiesen dejado ayer, que a Encontrado poco le faltó para enloquecer
de felicidad y que Isaura le mandaba un abrazo. Desde dónde está
hablando, preguntó Marta, Desde casa, por supuesto, E Isaura, Isaura
está aquí a mi lado, quieres hablar con ella, Sí, pero dígame primero
qué pasa, A qué te refieres, A eso mismo, a que esté Isaura ahí, Te
molesta, No diga disparates y deje de darle vueltas a la noria,
respóndame, Isaura se queda conmigo, Y usted con quién se queda,
Nos quedamos el uno con el otro, si es lo que querías oír. Al otro lado
hubo un silencio. Después Marta dijo, Me ha dado una gran alegría, Por
el tono nadie lo diría, El tono no tiene que ver con estas palabras, sino
con las otras, Cuáles, El día de mañana, el futuro, Tendremos tiempo
para pensar en el futuro, No finja, no cierre los ojos a la realidad, sabe
perfectamente que el presente se ha acabado para nosotros, Vosotros
estáis bien, nosotros ya nos arreglaremos, Ni yo estoy bien, ni está
bien Marcial, Por qué, Si ahí no hay futuro, tampoco lo habrá aquí,
Explícate mejor, por favor, Tengo un hijo creciéndome en la barriga, si
él alguna vez quiere, cuando sea señor de sus actos, vivir en un sitio
como éste, habrá hecho lo que era su voluntad, pero parirlo yo aquí,
no, Deberías haber pensado en eso antes, Nunca es demasiado tarde
para enmendar un error, incluso cuando las consecuencias ya no
tienen remedio, y éstas todavía lo pueden tener, Cómo, Primero
tenemos que conversar mucho, Marcial y yo, después ya veremos,
Piensa bien, no te precipites, El error, padre, también puede ser la
consecuencia de haber pensado bien, aparte de eso, que yo sepa, no
está escrito en ninguna parte que precipitarse tenga que acarrear
forzosamente malos resultados, Espero que nunca te equivoques, No
soy tan ambiciosa, sólo querría no equivocarme esta vez, y ahora, si
no le importa, punto final en el diálogo padre e hija, llámeme a Isaura,
que tengo mucho que hablar con ella. Cipriano Algor le pasó el teléfono
y salió a la explanada. Ahí está la alfarería donde un resto de barro
solitario se va resecando, ahí está el horno donde trescientos muñecos
se preguntan unos a otros por qué diablo los hicieron, ahí está la leña
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