LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Page 230
seis de la mañana, no me preguntes nada, es secreto. Marta lo miró
intrigada, A esa hora el Centro está cerrado, Bueno, no será
propiamente en el Centro, Entonces será fuera, Es dentro, pero no es
en el Centro, No lo comprendo, Preferiría que no me hicieras
preguntas, Sólo estoy diciendo que no entiendo cómo puede ocurrir
una cosa, al mismo tiempo, dentro y fuera de un lugar, Es en las
excavaciones destinadas a los almacenes frigoríficos, pero no te diré
nada más, Encontraron petróleo, una mina de diamantes o la piedra
que señala el sitio del ombligo del mundo, preguntó Marta, No sé lo
que han encontrado, Y cuándo lo sabrás, Cuando sea mi turno de
guardia, O cuando le preguntes a tus colegas que han estado antes,
Nos han prohibido hablar entre nosotros del asunto, dijo Marcial,
desviando los ojos porque éstas no eran palabras que mereciesen el
nombre de verdaderas, mas sí una versión interesada de las órdenes y
recomendaciones del comandante, libremente adaptada a sus
dificultades retóricas de la ocasión, Gran misterio, por lo visto, dijo
Marta, Parece que sí, condescendió Marcial, mientras intentaba
concertar con preocupación exagerada los puños de la camisa para que
apareciesen en la medida justa por debajo de las mangas de la
chaqueta. Vestido de paisano aparentaba más edad de la que
realmente tenía. Vienes a cenar, preguntó Marta, No tengo ninguna
orden en contra, pero, si no puedo venir, telefoneo. Salió antes de que
a la mujer se le ocurriera hacerle otras preguntas, aliviado por haber
conseguido escapar a su insistente curiosidad, pero también
disgustado porque la conversación no había sido, por su parte, un
recomendable modelo de lealtad, Fui leal, sí señor, se justificó ante sí
mismo, de entrada la avisé de que se trataba de un secreto. Pese a la
vehemencia y la razón que asistían a su justificación, Marcial no
consiguió convencerse. Cuando, una hora después, Cipriano Algor,
apenas recuperado de los sustos del tren fantasma, regresó a casa,
Marta le preguntó, Vio a su yerno, No, no lo he visto, Probablemente,
aunque lo hubiese visto no sería capaz de reconocerlo, Por qué, Vino a
cambiarse de ropa, ahora hace la vigilancia vestido de paisano, Y eso,
Son las órdenes que ha recibido, Vigilancia de paisano no es vigilancia,
es espionaje, sentenció el padre. Marta le contó lo que sabía, que era
casi nada, pero era lo bastante para que Cipriano Algor sintiese
esfumársele el interés por el río amazonas con indios adonde había
hecho intención de viajar al día siguiente. Es extraño, desde el
principio tuve como un presentimiento de que algo se estaba
preparando aquí, Qué quiere decir con eso, desde el principio,
preguntó Marta, Ese suelo que sentí temblar, vibrar, el barullo de las
máquinas excavadoras, te acuerdas, cuando vinimos a ver el
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