LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Page 184
Padre, me acaban de informar que he sido ascendido, soy guarda
residente del Centro a partir de hoy. Cipriano Algor giró la cabeza
hacia el yerno, lo miró como si lo estuviese viendo por primera vez,
hoy, no pasado mañana, ni mañana, hoy, tenía razón el
presentimiento. Hoy, qué, se preguntó, la amenaza que se esconde en
las preguntas del sondeo, o ésta de ahora, finalmente consumada
después de haberse prometido durante tiempo. Se ha visto, es verdad
que menos en la vida real que en los libros donde se cuentan historias,
que una sorpresa súbita puede dejar sin voz en un momento a la
persona sorprendida, pero una media sorpresa que se queda en
silencio, quizá fingiendo, quizá queriendo que la tomen por sorpresa
completa, no deberá, en principio, ser tomada en consideración.
Atención, sólo en principio. Desde siempre sabemos que este hombre
que va conduciendo la furgoneta no tenía ninguna duda de que la
temida noticia acabaría llegando un día, pero es comprensible que hoy,
colocado como lo pusieron entre dos fuegos, se haya visto de repente
sin fuerzas para decidir a cuál de ellos acudiría en primer lugar.
Revelemos, desde ya, aunque sabiendo que perjudicaremos la
regularidad del orden a que los acontecimientos deben someterse, que
Cipriano Algor no comunicará en estos próximos días, ya sea al yerno,
ya sea a la hija, una sola palabra acerca de la inquietante conversación
que tuvo con el subjefe del departamento de compras. Acabará
hablando del asunto, sí, pero más adelante, cuando todo esté perdido.
Ahora sólo le dice al yerno, Felicidades, supongo que estarás
satisfecho, palabras banales y casi indiferentes que no deberían haber
necesitado tanto tiempo para manifestarse, y Marcial no las
agradecerá, tampoco confirmará si está satisfecho como el suegro
supone, o un poco menos, o un poco más, lo que él dice es tan serio
como una mano extendida, Para usted no es una buena noticia.
Cipriano Algor comprendió el propósito, lo miró de lado con un esbozo
de sonrisa que parecía burlarse de su propia resignación, y dijo, Ni
siquiera las mejores noticias son buenas para todo el mundo, Verá
cómo todo se resuelve de la mejor manera, dijo Marcial, No te
preocupes, quedó resuelto el día en que os dije que me iría a vivir con
vosotros al Centro, la palabra está dada, fue dicha y no tiene vuelta
atrás, Vivir en el Centro no es ningún destierro, dijo Marcial, No sé
cómo será vivir en el Centro, lo sabré cuando esté allí, pero tú, sí, tú
ya lo sabes, y de tu boca nunca se ha oído una explicación, un relato,
una descripción que me hiciese comprender, lo que se llama realmente
comprender, eso que, tan seguro de ti mismo, afirmaste que no es un
destierro, Usted ya ha estado en el Centro, Pocas veces, y siempre de
paso, tan sólo como un comprador que sabe lo que quiere, Creo que la
184