LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Seite 182
mucho más cerca de la carretera, como un hormiguero que volviera al
carril después de la lluvia, pensó, encogiéndose de hombros, los
asaltos a los camiones no tardarían en recomenzar, y, en fin, haciendo
un esfuerzo enorme para separarse de la sombra que venía sentada a
su lado, entró en el tránsito confuso de la ciudad. Todavía no era la
hora de recoger a Marcial, tenía tiempo de sobra para ir al
departamento de compras. No solicitó hablar con el jefe, bien sabía
que el asunto que llevaba no era más que un pretexto para que lo
tuvieran presente, un recado de paso para que no se olvidaran de que
existía, de que a unos treinta kilómetros de allí había un horno
cociendo barro diligentemente, y una mujer pintando, y su padre
moldeando, todos con los ojos puestos en el Centro, y no me vengan a
decir que los hornos no tienen ojos, los tienen sí señor, si no los
tuviesen no sabrían lo que están haciendo, son ojos, lo que pasa es
que no se parecen a los nuestros. Le atendió el subjefe del otro día,
aquel simpático y sonriente, Qué le trae hoy por aquí, preguntó, Las
trescientas figurillas están hechas, venía a preguntarle cuándo quiere
que las traiga, Cuando quiera, mañana mismo, Mañana no sé si podré,
mi yerno estará en casa de día libre, aprovecha para ayudarme a cocer
los otros trescientos, Entonces pasado mañana, lo más deprisa que
pueda, se me ha ocurrido una idea que quiero poner en práctica
rápidamente, Se refiere a mis muñecos, Exactamente, se acuerda de
que le había hablado de un sondeo, Me acuerdo, sí señor, ése sobre la
situación previa a la compra y la situación resultante del uso,
Felicidades, tiene buena memoria, Para mi edad no está mal, Pues esta
idea, por cierto ya aplicada en otros casos con resultados muy
apreciables, consistirá en distribuir entre un determinado número de
potenciales compradores, de acuerdo con un universo social y cultural
que será definido, una cierta cantidad de figuras, y averiguar después
qué opinión les ha merecido el artículo, lo digo así para simplificar, el
esquema de nuestras preguntas es más complejo, como debe suponer,
No tengo experiencia, señor, nunca he encuestado ni nunca me han
encuestado, Estoy pensando en utilizar para el sondeo estos sus
primeros trescientos, selecciono cincuenta clientes, facilito gratis a
cada uno la colección completa de seis y en pocos días conoceré la
opinión que se han formado sobre el producto, Gratis, preguntó
Cipriano Algor, quiere decir que no me los va a pagar, De ningún
modo, querido señor, el experimento corre de nuestra cuenta, seremos
nosotros, por tanto, los que asumamos los costes, no queremos
perjudicarlo. El alivio que sintió Cipriano Algor hizo que se retirara, de
momento, la preocupación que irrumpió bruscamente en su espíritu,
esto es, Qué sucederá si el resultado del muestreo me fuese adverso,
182