LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Page 180
de que los primeros trescientos ya están acabados y coordinamos la
entrega, Es una buena idea, dijo Marta. Cipriano Algor se mudó de
ropa, se puso una camisa limpia, se cambió de zapatos, y en menos de
diez minutos estaba entrando en la furgoneta, Hasta luego, dijo, Hasta
luego, padre, vaya con cuidado, Y vuelva con más cuidado todavía,
excusas decirlo, Sí, todavía con más cuidado, porque son dos, Es lo
que siempre digo y siempre he de decir, contigo no se puede discutir ni
argumentar, encuentras respuesta para todo. Encontrado vino a
preguntarle al dueño si esta vez podría ir con él, pero Cipriano Algor le
dijo que no, que tuviese paciencia, las ciudades no son lo mejor para
los perros.
Uno más después de tantos, el viaje no habría tenido historia de no ser
por el inquieto presentimiento del alfarero de que algo malo estaba a
punto de suceder. Casualmente se acordó de lo oído a la hija, hay
cosas que sólo pasado mañana, unas cuantas palabras sueltas, sin
causa ni sentido aparentes, que ella no había sabido o no había
querido explicar, Dudo de que estuviese durmiendo, pero no
comprendo qué le habrá inducido a sugerir que soñaba, pensó, y en
seguida, como continuación de la frase recordada, dejó que su
pensamiento prosiguiese por aquel mismo camino y comenzara a
entonar dentro de la cabeza una letanía obsesiva, Hay cosas que sólo
pasado mañana, hay cosas que sólo mañana, hay cosas que ya hoy,
después retomaba la secuencia invirtiéndola, Hay cosas que ya hoy,
hay cosas que sólo mañana, hay cosas que sólo pasado mañana, y
tantas veces lo fue repitiendo y repitiendo que acabó por perder el
sonido y el sentido, el significado de mañana y de pasado mañana, le
quedó sólo en la cabeza, como una luz de alarma encendiéndose y
apagándose, Ya hoy, ya hoy, ya hoy, hoy, hoy, hoy. Hoy, qué, se
preguntó con violencia, intentando reaccionar contra el absurdo
nerviosismo que hacía que le temblaran las manos sobre el volante,
estoy yendo a la ciudad para recoger a Marcial, voy al departamento
de compras a informar de que la primera parte del pedido está lista
para ser entregada, todo lo que estoy haciendo es habitual, es
corriente, es lógico, no tengo motivo de inquietud, y voy conduciendo
con cuidado, el tráfico es fluido, los asaltos en la carretera han
acabado, por lo menos no se ha oído hablar de ellos, luego nada podrá
sucederme que no sea la monotonía de siempre, los mismos pasos, las
mismas palabras, los mismos gestos, el mostrador de compras, el
subjefe sonriente o el maleducado, o el jefe, si no está reunido y tiene
el capricho de recibirme, después la puerta de la furgoneta que se
abre, Marcial que entra, Buenas tardes, padre, Buenas tardes, Marcial,
qué tal te ha ido el trabajo esta semana, no sé si a diez días se les
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