LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Page 156
lado, como sabemos de sobra, en contradicción radical e inconciliable
con decisiones y pensamientos que, a lo largo de estas páginas, el
mismo Cipriano Algor ha venido tomando y produciendo con relación a
Isaura, primero Estudiosa y actualmente Madruga. El problema es
serio y exigiría una extensa y concienzuda reflexión, pero la lógica
ordenadora y la disciplina del relato, aunque alguna que otra vez
puedan ser desacatadas, o incluso, cuando así convenga, deban serlo,
no nos permiten que dejemos más tiempo a Isaura Madruga y Cipriano
Algor en esta angustiosa situación, constreñidos, callados uno ante
otro, con un perro que los mira y no comprende lo que pasa, con un
reloj de pared que se estará preguntando, en su tic tac, para qué
querrán estos dos el tiempo si no lo aprovechan. Es necesario, por
tanto, hacer alguna cosa. Sí, hacer alguna cosa, pero no cualquier
cosa. Podremos y deberemos faltar el respeto a la lógica ordenadora y
a la disciplina del relato, pero jamás de los jamases a eso que
constituye el carácter exclusivo y esencial de una persona, es decir, a
su personalidad, a su modo de ser, a su propia e inconfundible
presencia. Se admiten en el personaje todas las contradicciones, pero
ninguna incoherencia, y en este punto insistimos particularmente
porque, al contrario de lo que suelen preceptuar los diccionarios,
incoherencia y contradicción no son sinónimos. Es en el interior de su
propia coherencia donde una persona o un personaje se van
contradiciendo, mientras que la incoherencia, por ser, más que la
contradicción, una constante del comportamiento, repele de sí a la
contradicción, la elimina, no se entiende viviendo con ella. Desde este
punto de vista, aunque arriesgándonos a caer en las telas
paralizadoras de la paradoja, no debería ser excluida la hipótesis de
que la contradicción sea, al final, y precisamente, uno de los más
coherentes contrarios de la incoherencia. Ay de nosotros, estas
especulaciones, quizá no del todo desprovistas de interés para aquellos
que no se satisfacen con el aspecto superficial y consuetudinario de los
conceptos, nos distraerán todavía más de la difícil situación en que
habíamos dejado a Cipriano Algor e Isaura Madruga, ahora a solas uno
con el otro, porque Encontrado, comprendiendo que allí no se ataba ni
se desataba, tuvo por bien apartarse y regresar a la sombra del moral
para proseguir el sueño interrumpido. Es, pues, tiempo de buscar una
solución para este inadmisible estado de cosas, haciendo, por ejemplo,
que Isaura Madruga, más resuelta por el hecho de ser mujer,
pronuncie unas pocas palabras sólo para comprobar que da igual,
tanto servirían éstas como otras, Bueno, entonces me voy, muchas
veces no es necesario más, basta romper el silencio, mover
ligeramente el cuerpo como quien hace ademán de retirarse, por lo
156