LA CAVERNA DE SARAMAGO Saramago, Jose - La caverna | Página 145
cueva y colocados al lado de la enfermera, más o menos limpios de
cenizas, pero sin el beneficio suplementario del soplo vital. No había
allí nadie que preguntara al alfarero los motivos de la diferencia de
trato, determinados, a primera vista, por la diferencia de sexo, salvo si
la intervención demiúrgica resultó simplemente de que la figura de la
enfermera fue la primera en salir del agujero, siempre, desde que el
mundo es mundo, así ha sucedido, se cansan de la creación los
creadores en cuanto ella deja de ser novedad. Recordando, sin
embargo, los complejos problemas de modelado con que Cipriano
Algor tuvo que luchar cuando trabajaba el pecho de la enfermera, no
sería demasiado temerario presumir que la razón última del soplido se
encuentre, aunque de modo oscuro e impreciso, en ese su inmenso
esfuerzo por llegar a lo que la propia ductilidad de la arcilla prometía a
la vez que negaba. Quién sabe. Cipriano Algor volvió a llenar el
agujero con la tierra que por natural derecho le pertenecía, la aplanó
bien para que ningún puñado se quedara fuera, y, con tres muñecos
en cada mano, se dirigió a casa. Curioso, con la cabeza levantada,
Encontrado brincaba a su lado. La sombra del moral se había
despedido de la noche, el cielo comenzaba a abrirse todo con el primer
azul de la mañana, el sol no tardaría en despuntar en un horizonte que
desde allí no se alcanzaba.
Qué tal salieron, preguntó Marta cuando el padre entró, Parece que
bien, pero hay que limpiarlos de la ceniza que traen agarrada. Marta
echó agua en un pequeño lebrillo de barro, Lávelos aquí, dijo. Primera
en entrar en el agua, primera en salir de las cenizas, casualidad o
coincidencia, esta enfermera podrá tener en el futuro algunas razones
de queja, mas no por falta de atenciones. Cómo está ése, preguntó
Marta, ajena al debate sobre géneros que ha venido trabándose aquí,
Bien, repitió el padre brevemente. De hecho estaba bien, con la
cochura toda por igual, un hermoso color rojo, sin la más mínima
grieta, y estaban igualmente perfectas las otras figurillas, a excepción
del asirio de barbas, que apareció con una mancha negra en la
espalda, efecto felizmente restringido de un incipiente proceso de
carbonización provocado por una indeseada entrada de aire. No tiene
importancia, no sufrirá por eso, dijo Marta, y ahora haga el favor de
sentarse a descansar mientras le preparo el desayuno, que buena
madrugada lleva ya en ese cuerpo, Me desvelé, y no conseguía dormir
otra vez, Los muñecos podían esperar a que se hiciese de día, Pero yo
no, Como sentencia el antiguo dicho, quien preocupaciones tiene no
duerme, O duerme para soñar con las preocupaciones que tiene, Para
no soñar se ha despertado tan temprano, preguntó Marta, Hay sueños
de los que es mejor salir rápidamente, respondió el padre, Y ése es el
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