JUDÍOS DECLARAN LA GUERRA A ALEMANIA JUDÍOS DECLARAN LA GUERRA CONTRA ALEMANIA | Page 179

el 1 de diciembre de 1934 de la Guardia SS; la llamada "formación de la calavera (…)‖ 6. ―… Así pues cuando construí el edificio para exterminios de Auschwitz utilicé Cyclon B que era ácido prúsico cristalizado que introducíamos en la cámara de la muerte por un pequeño agujero. Tardábamos entre tres y 15 minutos en matar a la gente dentro de la cámara dependiendo de las condiciones climáticas. Sabíamos cuándo estaban muertos porque sus gritos cesaban. Normalmente esperábamos cerca de hora y media antes de abrir las puertas y retirar los cuerpos y, cuando éstos habían sido retirados, nuestros comandos especiales cogían los anillos y extraían el oro de los dientes. 7. Otra ventaja que teníamos sobre Treblinka era que construimos nuestras cámaras de gas con capacidad para 2.000 personas en cada turno, mientras que Treblinka en sus 10 cámaras de gas sólo albergaban a 200 personas (…) cada vez. El método para seleccionar a nuestras víctimas era el siguiente: en Auschwitz teníamos dos médicos SS en funciones para examinar a los prisioneros que llegaban. Los aptos para trabajar eran enviados al campo. Otros eran inmediatamente enviados a las plantas de exterminio‖ 255 . Según su confesión, Höss visitó Treblinka en junio de 1941. El campo se inauguró el 23 de julio de 1942. Höss menciona en su confesión también otro campo de exterminio ―Wolzek‖, del cual desde aquel entonces nunca más se oyó hablar. En cuanto a los “comandos especiales”, se trataba, según Höss, de judíos que manejaban las cámaras de gas y que después de un periodo de tiempo determinado eran gaseados ellos mismos y sustituidos por otros. La horrorosa práctica de profanación de cadáveres es descripta por Höss en sus notas autobiográficas: ―Después, sacar los cadáveres de las cámaras, extraerles los dientes de oro, cortarles el pelo, arrastrarlos hasta las fosas o hasta los hornos crematorios. La alimentación del fuego en las fosas, el verter de la grasa acumulada, el hurgar en las pilas de cadáveres que se cremaban para asegurar 255 BUTZ Arthur R., La Fabula del Holocausto... Ob. Cit. p. 78 179